Sin aliento

En esta extensa entrevista, Slavoj Žižek habla con profusión y elocuencia sobre los más diversos temas, desde la crisis financiera hasta la física cuántica, pasando por el «socialismo real», el psicoanálisis, el idealismo alemán, el constructivismo, la religión, el ecologismo, el cine y un sinnúmero de cosas más que me resulta demasiado tedioso enumerar. El filósofo esloveno tiene un ojo crítico implacable, y como tal, no lamenta no ofrecer soluciones sino formular preguntas. La entrevista, inédita en español, fue realizada por la televisión suiza, con un entrevistador de habla germana a quien Žižek, siempre que pudo y en un evidente gesto de cortesía, le respondía en alemán1. He dejado esos «bocadillos» en ese idioma, con la traducción al pie, en un intento de reflejar no sólo el intelecto, sino también la humanidad de lo que se percibe en la nota televisada. Y para quienes se animen al alemán, la entrevista en YouTube, al pie.

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– Sr. Žižek, bienvenido. Hace años que critica Ud. al capitalismo global, ¿ve reafirmada esa crítica con la crisis actual?

– Yo no lo diría así. Por supuesto, la inestabilidad e irracionalidad del sistema han quedado ahora al descubierto para todo el mundo, pero deberíamos recordar que esta crisis es una crisis de confianza; estamos gastando billones de dólares en reestablecer la confianza… Sin embargo, no creo en lo que piensa la izquierda: «Oh, ahora con la crisis la gente va a darse cuenta de la irracionalidad del capitalismo, quizás esto nos ayude a inventar algo distinto…» Por el contrario, creo que las crisis representan momentos muy peligrosos, y la primera reacción siempre es el miedo: la gente no renuncia a su ideología, sino que se aferra aún más desesperadamente a ella. Déjeme poner un ejemplo de lo que fue, para mí, un momento histórico de la crisis: se acuerda, en octubre, cuando la crisis estalló, el presidente Bush presentó el primer plan Bailout al congreso: setecientos mil millones de dólares. El congreso votó con dos tercios en contra. ¿Y qué pasó? La democracia fue prácticamente dejada de lado, y Bush, McCain, Obama terminaron por convencer a los parlamentarios, «Escuchen, esto hay que hacerlo ahora, no podemos perder el tiempo con debates democráticos…» Fue una especie de estado de emergencia, pero que puso en claro cuáles son las prioridades, ahora sabemos en dónde vivimos… Mientras hablemos del sida, de ecología, de lucha contra la pobreza, ahí tenemos una interminable cantidad de tiempo para debatir y no encontramos solución alguna, pero aquí la urgencia fue absoluta. Hay cosas que podemos aprender de las crisis, pero lamentablemente, al final, el resultado de las crisis va a ser otro ejemplo más de lo que Naomi Klein denominó en su último libro La Doctrina del Shock: la crisis es utilizada como estrategia para imponer las reglas del juego capitalista más radicalmente.

-Dice que es una crisis de confianza, pero es la crisis de un estilo de vida

– Sí, pero aquí debemos ser sumamente precisos. ¿Cuál es, realmente, nuestro estilo de vida? No debemos olvidar que ya no vivimos en el clásico capitalismo de consumo, vivimos en un capitalismo mucho más crítico… Un fenómeno típico de nuestros días es (y esto lo acabo de ver en mi llegada a Zürich)… aquí también existe la cadena Starbucks… Starbucks es la forma que tenemos hoy de consumir; no compramos solamente café, permanentemente nos vemos confrontados con el siguiente mensaje, en la publicidad, en los locales… hay un anuncio que dice, en serio, «No es comprar café, es comprar una «Ethik des Lebens»2… Ud. no compra café, compra el derecho de admisión en una comunidad, en un espacio en donde encontrarse con otras personas, y colabora para prestale atención médica a los niños de no sé qué país pobre de Latinoamérica… es la más grande manipulación postcapitalista: que la caridad y la humanidad sean parte del consumo, en lugar de ser parte de nuestras vidas. Pero no quiero quejarme solamente de los «capitalistas malos»… ¿no pasa exactamente lo mismo con los «alimentos bio»? Escuche, quiero plantearle amistosamente una pregunta brutal: si es lo suficientemente estúpido para comprar manzanas bio, ¿cree realmente que son tanto menos venenosas que las otras? ¡No!, las compra sobre todo para sentirse bien, «Ay, dios, si compro verdura bio hago algo por el planeta tierra»… Así funciona el capitalismo. Y ese estilo de vida postcapitalista se ve reafirmado por la crisis.

– […] Ud. es filósofo y psicoanalista, investiga y enseña en la universidad de Liubliana y en innumerables universidades alrededor del mundo. ¿Cómo es que combina la filosofía, el psicoanálisis, el cine y la cultura popular? ¿Cómo llega la filosofía a la pantalla grande?

– Desde el principio estuve siempre obsesionado con el mismo problema teórico: ¿Como podemos actualizar la filosofía de Hegel? Y para mí, y esto quiero decirlo con toda claridad, el psicoanálisis según la interpretación de Jacques Lacan es sólo una herramienta para entender a Hegel, o dicho de manera más general, al idealismo alemán, que está visto como una materia oscura y complicada, y por eso amo el cine y la cultura popular: porque me permiten aclarar las cosas… detesto las jergas, estoy obsesionado con explicar las cosas… no necesariamente al público, quiero explicarme las cosas a mí mismo. Si por ejemplo me encuentro con una compleja cadena de razonamiento dialéctico en Hegel: ¿puedo explicarla con un chiste, o con una escena cinematográfica? El cine tiene otra ventaja, mi tesis es que el cine es un dominio en el que podemos leer ideologías de la forma más pura, es su estado clínico, por decirlo de alguna manera. Si quiere descubrir cuál es el centro de la ideología, ¡olvídese de la vida real y mire películas! Para darle un pequeño ejemplo, tomemos el último mega-hit «Batman: The dark knight«, ¿cuál es la lección del film? Cuando el fiscal se da cuenta de que el héroe positivo es en realidad un asesino, Batman asume el crimen como propio y, juntos, le mienten a la opinión pública: le mienten con respecto al lado criminal del poder. El mensaje de la película es: para mantener la confianza del pueblo en las estructuras de poder, necesitamos una mentira. Ese es el principio «Bush/Iraq»… y como ése hay muchos otros… es ese aspecto profundamente psicológico… ¿Ha notado como los héroes de los últimos años, Batman, el Hombre araña, etc. ya no son héroes perfectos e inmaculados? Tienen sueños, traumas, problemas… eso es ideología pura, y con esa lupa deberíamos leer el último Best-Seller de Jonathan Littell «Las Benévolas«, ya sabe, ese libro de mil páginas con una biografía inventada de un sobreviviente al Holocausto, y creo que esto es muy importante: la lección del libro es: «Todos somos humanos». No se puede decir «has hecho cosas horribles, pero de todas formas eres humano»… lo hace mucho más horrible! Cualquier criminal puede decir «pero yo amo a mi perro y a mi familia»… Tomemos a Reinhard Heydrich, el ingeniero del Holocausto, era muy humano, cada noche tocaba con sus amigos los cuartetos de cuerda de Beethoven, ¿se da cuenta? Ese es otro aspecto de la ideología actual: al evocar a la persona detrás de los hechos, con sus miedos, etc., mistificamos lo que pasa en realidad, por eso tengo problemas con la idea de la tolerancia multicultural, evidentemente hay ahí una idea profundamente arraigada… A ver, un enemigo sólo puede ser alguien cuya historia no estuve dispuesto a escuchar; Ud., por ejemplo, es mi enemigo siempre y cuando yo lo objetivice, pero si lo escucho y comprendo sus miedos, etc… ¡Es una estupidez! ¿Podemos decir que Hitler fue nuestro enemigo porque no quisimos escuchar su historia? ¡No! Lo que sucede es que todas las historias que contamos sobre nosotros mismos son mentiras… Mentiras con las que tratamos de tapar lo que hacemos. Tomemos un ejemplo conocido: los serbo-bosnios y su limpieza étnica, la poesía de Karadžic fue una historia que se contaron a sí mismos.

– Realmente Ud. marca un tiempo increíble […] también ha grabado una película, «The pervert’s guide to cinema«, cuyo comienzo le propongo que veamos juntos:
[Corte al fragmento introductorio del documental, en donde el presentador (el propio Žižek), nos dice: «El problema que se nos plantea no es si nuestros deseos se encuentran satisfechos o no; el problema es saber qué es lo que deseamos. No hay nada de espontáneo, de natural en el deseo humano: nuestros deseos son artificiales, se nos debe «enseñar» a desear. El cine es el arte perverso por excelencia. No te da aquello que deseas: te dice que desear».]
¿Cómo sabemos lo que deseamos? ¿A qué conclusión llegó en el film que acabamos de ver?

– En principio, no sabemos lo que deseamos. Y eso nos transforma en sujetos. Un sujeto siempre se constituye (y ésta es la tesis de Jacques Lacan) con una pregunta: ¿qué deseo? Pero la pregunta es mucho más compleja, no es solamente ¿qué deseo?, porque mi deseo siempre está sujeto a aquello que los demás quieren de mí. ¿Y cuál es, para Lacan, el punto de partida del deseo? Es el niño que no entiende lo que los demás quieren de él, es esa situación perpleja… y necesitamos de una buena porción de fantasía para incorporar un poco de órden a ella.

– Jacques Lacan juega un papel importante en su obra, ¿cómo se entiende el concepto del «otro» en quien yo me transformo en sujeto? ¿Puede explicar ese concepto?

– Es un concepto muy complejo; para decirlo sintéticamente, tiene por lo menos tres dimensiones: primero, está «el otro», lo que Lacan llama «Imaginaria», otro ser humano con quien yo interactúo; después tenemos el órden simbólico, con el conjunto de reglas simbólicas que nos permiten interactuar; y al final está lo que Lacan denomina «el otro real»: el otro, el vecino, en toda su dimensión traumática, el otro con quien no puedo identificarme, el otro que asusta, lo que Freud llama «das Ding»3. Y aquí radica el problema: el sujeto en su forma más radical, que según Lacan es el abismo de otros… y aquí quiero, aunque a Ud. no le guste, hacer una digresión política: la figura del «otro radical» hoy son los inmigrantes, son un buen punto de partida para el «Stand der Dinge»4. En Norteamérica existe la moda de denominar algo como «Toxic Subject», que puede ser cualquier cosa, desde la naturaleza a la cultura y política… «Toxic Subject» puede ser alguien con la gripe porcina, puede ser un terrorista, puede ser un predicador fundamentalista, puede ser un padre que abusa de sus hijos, etc. etc. etc. El punto es, para mí, que percibimos al otro como un potencial peligro tóxico; y por eso no confío en aquel otro típico y políticamente correcto tópico americano de la «molestia», no nos debemos «molestar» los unos a los otros… la «molestia» es un término que señala nuestra necesidad de no permitirle al otro acercárcenos demasiado… Por eso utilizo ese motivo en mis libros, y lo mismo sucede con el consumo: siempre queremos el producto libre de su parte tóxca: queremos café pero sin cafeína, queremos ceveza sin alcohol, queremos dulces sin azúcar, y en el plano de la intersubjetividad lo que realmente queremos es el «otro descafeinado»

– Detangámonos un momento en la cuestión del «sujeto», permítame citar a Lacan, que dice en sus cuatro principios del psicoanálisis: «Aquí se termina la simetría entre Freud y Descartes, que no había terminado en aquel primer paso de una seguridad fundada en el sujeto; la asimetría se revela recién cuando entendemos que el sujeto está ubicado en el mundo del inconsciente; y esto le permite a Freud dar aquel salto hacia adelante con el que cambia el mundo». ¿Estamos hablando aquí de los famosos «golpes» al ego humano, que el hombre debe entender que no es el centro del mundo, que debe aprender que probablemente desciende del mono, y el tercero, que ni siquiera es dueño de sí mismo?

– Si, pero ahí debemos ser muy precisos; la denominada «descentralización del sujeto», de la que habla Freud, no es ese mensaje naiv de que «pienso, pero en realidad mi pensamiento está dirigido y controlado por un mecanismo inconsciente» no estamos hablando de biología… El problema es que tenemos una descentralización a nivel del pensamiento mismo; para Lacan, el inconsciente freudiano no es cualquier irracional y biológico inconsciente, es un inconsciente muy racional y discursivo: no sabemos que pensamos, en este sentido, para Lacan, el sujeto del inconsciente es (y eso lo dice en otra parte de ese libro) el «Cogito cartesiano», en cierto sentido, Lacan reafirma el cogito cartesiano; ¿pero qué es eso exactamente? No es la simple sentencia «Pienso, luego existo», que de alguna manera no es pensar, pues lo único que pienso es que existo, y tampoco es la existencia, pues toda la existencia es que pienso que existo… ese vacío puro es el sujeto del inconsciente, y aquí viene la conexión con el idealismo alemán: la idea es… mucho más que en Descartes, encontramos de Kant a Hegel a ese sujeto de vacío puro, denominado «Selbstvermittelte Negativität»5 La idea es, entonces, y ésa es la propuesta fundamental de todo mi trabajo, lo que Freud denomina «el sujeto del inconsciente», es EL tema del idealismo alemán, el tema kanteano de la percepción trascendental, y de ahí sigue a Schilling, Hegel, etc. El «sujeto freudeano» no tiene nada que ver con una «filosofía post-hegeleana», no, el sujeto freudeano es vacío y mecánico… no es la riqueza de la vida…

– Ahora estamos dentro de la cuestión central de la libertad, que por un lado nos plantea la neurociencia, y que nos tenemos que hacer al haber ubicado al sujeto: ¿qué pasa con la libertad humana? y al respecto dice Ud. en su libro «La suspensión política de la ética»:
«La posición de Lacan es, entonces, que el estar expuesto y desbordado, el estar atrapado en una red de condiciones preexistentes, por un lado, y la autonomía radical por el otro, no son irreconciliables»
Entonces, ¿cómo rescata la libertad si, por otro lado, ocurren tantos fenómenos inconscientes?

– Bien, mi primera respuesta es (y la encontrará leyendo a Kant, Fichte, Schelling y Hegel) que desde Kant tenemos esa idea del «acto radicalmente libre». Kant habla, por ejemplo en su revolucionaria y tardía obra «La religión dentro de los límites de la mera razón«, sobre ese acto trascendental de libertad mediante el cual se elije libremente, no de manera temporal, sino en una especie de a priori trascendental, el propio carácter eterno. Ése es el más importante de los actos libres, y es… ¡inconsciente! Entonces, para Lacan, siguiendo al idealismo alemán, no es que pensemos que somos libres cuando en realidad estamos siendo dirigidos por una serie de neuronas, prejuicios, o lo que sea; no, muchas veces, en un sentido radical, sucede todo lo contrario: creemos que estamos controlados por ciertas condiciones cuando, en realidad, ya habíamos elegido esas condiciones a las que creemos estar atados. La libertad es mucho más radical… Y para volver a su pregunta (lamento no tener más tiempo), creo que la única forma de solucionar el problema de la libertad humana, la única manera de evitar la idea de que objetivamente estamos manejados por diversos mecanismos y que la libertad sólo es una ilusión, es entender la realidad como algo incompleto, como ontológicamente no del todo constituida. ¿Qué quiero decir con esto? Lo puedo explicar de manera popular, tendiendo un maravilloso paralelo con los videojuegos: en los videojuegos la realidad no está construida completamente, vemos una casa en segundo plano, pero la casa no está terminada, no está completamente programada, porque el juego no prevé que vayamos a entrar ahí; o vemos árboles difusos en el fondo de la escena, pero no podemos acercarnos y ver cómo son esos árboles, existen, pero sólo en ese estado de difusión; el universo no está completamente construido. La idea, genial, es: ¿y si nuestro mundo estuviera constituido de manera similar? Es algo que descubrió la física cuántica, con el principio de indeterminación de Heisenberg, que la realidad misma no está completamente constituida. Si nos acercamos lo suficiente, vemos que la realidad se vuelve difusa, que no está claramente identificada. En otras palabras, y ahora llega el chiste, es como si Dios fuera una especie de programador que creyó que los hombres seríamos demasiado estúpidos como para investigar la realidad hasta el final: ¿por qué iba a tomarse el trabajo de programar todo hasta el último nivel cuántico y subatómico? ¡Hay allí cosas que realmente no están determinadas! Creo que como materialistas, debemos pensar esa apertura, esa incompletitud ontológica, sin Dios. La realidad no está elaborada por completo; es como si hubiera agujeros blancos y negros, puntos ciegos en la realidad… y esa indeterminación de la realidad pude, quizás, salvar la libertad.

– Y con eso llegamos al ateísmo, y para citar nuevamente a Lacan: «Así, la única fórmula certera para el ateísmo no sería «Dios ha muerto», sino «Dios está inconsciente»

-Si, perfecto, lo puedo explicar brevemente, con otra pequeña historia que dice mucho sobre la ideología de hoy. Nils Bohr (otra vez, hablando de física cuántica, y esto lo leí en su biografía) tiene una anécdota maravillosamente paradójica: un amigo lo visitó un día en su casa de campo, y vio que sobre la puerta colgaba una herradura (como sabemos, la superstición europea dice que tener una herradura sobre la puerta impide que los malos espíritus entren en la casa). El amigo (que también era un científico) sorprendido le preguntó al ver la herradura: «¿Por qué tienes eso ahí? ¿Crees en esa superstición?» a lo que Nils Bohr respondió: «Por supuesto que no, soy una persona racional» y el amigo preguntó «¿Y por qué lo tienes?» ¿Y sabe lo que respondió Nils Bohr? «Lo tengo ahí porque escuché que funciona aunque no se crea en ello». Así funciona, eso es democracia hoy. Todos somos cínicos, nadie cree, pero todos nos comportamos como si creyéramos. Quiero decir: Lacan diría que Dios «es inconsciente» en el sentido de que las creencias importantes no son las creencias explícitas; quizás pensemos que no creemos, pero con nuestros actos demostramos que sí lo hacemos. La idea de Lacan no es la tradicional, que afirmamos creer pero en privado somos cínicos, no: en la permisiva sociedad actual tomamos nuestras decisiones abiertamente y libres de prejuicios, podemos tener sexo grupal o cualquier clase de inmoralidad, pero inconscientemente creemos mucho más. Así es la vida, y por eso la tesis de Lacan tiene más validez que nunca. Dios aparece como el contenido más radical de la fe; nuestra fe es inconsciente, pero no por ello deja de funcionar.

– ¿Qué opina de la historia de que Lacan, habiendo sido ateo, en su lecho de muerte pidió tener un entierro católico?

– No creo, y esta es otra lección ateísta, no creo que lo que se dice cuando se está cerca de la muerte posea una especial autenticidad… Le doy otro ejemplo (se da cuenta, soy como una mujer, en el sentido de aquel cliché machista-chauvinista sobre que las mujeres no pueden pensar conceptos abstractos y por eso buscan ejemplos permanentemente… bueno, soy una mujer porque necesito encontrar ejemplos para cada cosa): ¿se acuerda del 11 de septiembre? Fue una tragedia, y no pretendo burlarme de ello… bien, se acuerda que algunos pasajeros, al darse cuenta de que iban a morir, pudieron hacer una última llamada a sus familias, y el mensaje fue siempre el mismo: «Voy a morir, pero recuerda que te amo». No creo que algo de todo aquello haya sido auténtico. Es horrible, pero… Hasta pude hablar con un periodista que investigó alguno de esos casos y descubrió que uno de los hombres que llamó a su mujer y le dijo «te amo», estaba en ese vuelo para encontrarse con su amante. Quiero decir que no somos auténticos cuando estamos cerca de la muerte. Nos encontramos en un estado de pánico absoluto, queremos salvarnos y salvar nuestra imagen para la posteridad… Esa es la gran lección del psicoanálisis: tenemos una máscara, y detrás de ella está nuestro rostro, pero en la máscara hay más verdad. Y los niños pequeños lo saben, haga el experimento si tiene un niño pequeño. Yo lo he hecho con mi hijo… Es un poquito cruel: acérquese con la máscara puesta, el niño se asustará; quítesela: «Mira, sólo es tu estúpido padre»… y el niño reirá; pero cuando vuelva a ponerse la máscara, el niño volverá a asustarse, aunque ya sepa que detrás de ella sólo está su padre. Y tiene razón: la verdad está en la máscara. Ésa es otra lección de la teoría de Lacan del «sujeto descentralizado»

– Evidentemente, la imagen que nos muestra se vuelve más compleja con cada observación… ¿cuándo piensa convertirse al catolicismo?

– No lo haré nunca… soy un ateo cristiano, ¿qué quiero decir? No estoy bromeando, mi último libro lo escribí junto al gran teólogo británico anglo-católico John Milbank, un debate de cuatrocientas páginas bajo el simpático nombre «La Monstruosidad de Cristo». ¿Quiere saber cómo entiendo yo al cristianismo? El mensaje del cristianismo es que Dios está muerto, pero… ¿qué muere en el cristianismo? Aquí lo sigo a Hegel: no es que muere el Hijo y vuelve junto a su Padre, no; Hegel dice que en el cristianismo es Dios mismo quien muere, el Dios del más allá, y lo único que queda, es el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo es como el Partido Comunista: sólo somos nosotros, el espíritu colectivo… Entonces, retomando la idea de que «Dios es inconsciente»: este Dios inconsciente muere en el cristianismo o, como dice mi teólogo favorito Gilbert Chesterton: en otras culturas, en culturas ateas, no creemos en Dios, pero en el cristianismo Dios muere por sí mismo. También como el inconsciente. Creo que el cristianismo es la posición más ateísta posible: Dios deja de existir, aun como el inconsciente, y sólo queda el Espíritu Santo, o sea: nosotros, el colectivo, sin la garantía de un poder trascendental que vaya a mejorar las cosas. Soy un ateo radical…

– Ud. se dice un ateo cristiano… lo que funciona únicamente si se detiene en la muerte de Cristo: pero Él resucitó.

– Si me permite un comentario un poco irónico: un dicho como ese, en mi dictadura cristiano-stalinista, le hubiera valido… no digamos el Gulag, pero si un par de años en un Umerziehungslager6. A ver: ¿qué quiere decir «resurrección»? Lea su Biblia con atención. Cuando Jesús le dice a sus discípulos: «Si hay amor entre los Hombres, estaré con vosotros»… Cristo no resucita con un cuerpo real; Cristo es el espíritu colectivo de los hombres, que se reconoce en Él. Es una posición totalmente ateísta. Por otra parte: si entendemos la resurrección de forma literal, la reducimos al mito pagano, aburrido, a ese cuento de fábula del «Dios muere, dios resucita…», ése no es el cristianismo, el Espíritu Santo es algo radicalmente nuevo, e implica que Dios está verdaderamente muerto: hasta como el inconsciente, y lo único que queda es nuestro espíritu colectivo. Depende de nosotros hacer con nuestra radical libertad lo que podamos. No hay ningún «Gran Otro» que pueda ayudarnos; o como dicen ciertos teólogos: el mensaje del cristianismo no es «Confiamos en Dios, hacemos lo que hacemos pero podemos contar con Él», no: Dios confía en nosotros.

– Muy bien. Yo hubiera dicho que nuestra historia no es sólo finita, y ahí estamos otra vez hablando de Hegel, de cuya filosofía se dice que es la última gran metafísica, que un espíritu mundano se realiza en lo material… y mi pregunta es: su interés por todas estas posiciones de la historia de la filosofía que fue nombrándonos, que de alguna manera son filosofías dualistas, o por lo menos tienen un componente dualista inherente, una separación entre lo espiritual y lo humano… es como si el hombre siempre estuviera persiguiendo el destello espiritual que hay en él…

– ¡Pero no en Hegel! Es una aseveración precisa, y lamentablemente no tenemos tiempo suficiente para desarrollarla por completo, pero espero que podamos, al menos, acercarle a nuestra audiencia lo esencial de esta cuestión: digo que lo que Hegel llama «el saber absoluto» no es esa idea infantil de «lo sé todo», al contrario, es una especie de autolimitación radical. Para Hegel, ese dualismo que Ud. nombró, esa división entre nuestra vida humana y finita, y la búsqueda de lo eterno, es siempre saber humano, limitado. Llegamos a un límite cuando descubrimos que detrás de eso no hay nada, que todo lo que tenemos es nuestra finitud. Lo que Hegel denomina «Wahre Unendlichkeit»7 nos es otra cosa que la limitación autoreflejada, cuando descubrimos que detrás de ella no hay nada. Aquí hay otra conexión con Freud, en donde sucede casi lo contrario… hay que leer a Freud muy atentamente, cuando él habla de la «Pulsión de Muerte», no se está refiriendo al principio del Nirvana, o el «Quiero desaparecer, quiero morir». Si lee a Freud con atención se dará cuenta de que eso que Freud llama la «Pulsión de Muerte», es una denominación de «inmortalidad». La pulsión de muerte está relacionada con la repetición compulsiva, es algo que se repite compulsivamente más allá de la muerte, de manera obscena. Por eso utilizo figuras como la de los «muertos vivos» (otra vez de la cultura popular), Stephen King, etc… eso es la pulsión de muerte freudeana, los muertos vivos…

– Entonces, ud. intenta completar esos tipos de lectura, y no acepta la división dualista que estoy haciendo… Y mi pregunta es, por qué, en eso que está buscando, no se concentra más en la tradición no-dualista, como aparece por ejemplo en la tradición mística cristiana, o en la filosofía oriental…

– Aquí puedo construir la pregunta precisa: para mí, los místicos, aún cuando aseguran no ser dualistas, no son monistas en el sentido de «no-dualistas», pero sí monistas en la búsqueda de una paz final, en el querer llegar a una reconciliación final con lo absoluto. Para mí, el mensaje del cristianismo, y de Hegel y, otra vez, de Chesterton, que formuló maravillosamente lo siguiente: la moral del Dios cristiano no es «unidad y reconciliación»; es «finitud y división»… Por eso Cristo dice, se acuerda de aquel pasaje que tantos dolores de cabeza les dio a los intérpretes: «No traigo la paz, traigo la espada, traigo el fuego… y si no renuncias a tu padre y a tu madre, no eres mi discípulo». Cristo es una figura luchadora, como la dialéctica de Hegel. Rechazo esa idea gnóstica, mística o lo que sea, de una entidad superior; la realidad última es antagonismo, lucha.

– Pasemos a un aspecto de su personalidad…

– Wenn ich eine Persönlichkeit habe, das ist eine große Diskussion…8

– …Ud. se crió en Eslovenia, ¿es cierto que sus amigos le dicen «Fidel»?

– Si, pero en broma… no tiene una motivación política, simplemente (como habrán observado) es porque hablo mucho, la referencia no es «Fidel, comunista», sino Fidel que dice: «Compañeros, sólo unos minutos» y luego habla siete horas ininterrumpidas, con suerte…

– Hay un buen chiste sobre el socialismo, que Ud. cuenta en su libro «La revolución está por comenzar». Dice: «el socialismo es la síntesis de de los grandes logros de la humanidad: tiene el primitivismo de las sociedades prehistóricas, la esclavitud de la antigüedad, la dominación brutal de la edad media, la explotación del capitalismo, y el nombre… del socialismo». ¿Es lo que verdaderamente piensa?

– Si, en principio si. Aunque me considere un izquierdista radical, un comunista, no siento absolutamente ninguna nostalgia por el denominado «Real existierender Sozialismus»9. Pero volviendo al chiste, es maravilloso, porque ilustra perfectamente el momento en el que el nombre como tal entra en la realidad. Uso frecuentemente ese chiste para explicar, por ejemplo, el antisemitismo, porque funciona de la misma forma: el antisemitismo (sea lo que sea «el judaísmo») equipara al… como decirlo, equipara a la «misera judía» con el «espíritu especulador», a la «explotación» con los «grandes capitales», o a la «obscenidad judía» con «lo perverso», etc. etc. Lo que toma de los judíos es sólo el nombre, es la misma paradoja. El mecanismo que describe ese chiste es en escencia el mecanismo de lo que Lacan denomina «Le signifiant mettre»: el significante principal, un significante vacío que contempla todas las posibilidades. Pero volvamos a la dimensión política. Me encuentro en una situación muy difícil. Por un lado, soy sumamente crítico, no solamente en el sentido de rechazo a la experiencia del socialismo real; creo que el stalinismo fue una catástrofe total, la catástrofe del siglo XX, mucho peor que el fascismo y el nazismo, y que sigue siendo enigmático… Es mi mayor crítica a la escuela de Frankfurt, a Horkheimer, Adorno, etc., porque prácticamente ignoraron al stalinismo… claro que lo rechazaban, pero se concentraron tanto en el fascismo y en el antisemitismo que no fueron capaces de elaborar una teoría del stalinismo. Y esa actitud continúa hasta en Habermas: cuando lee a Habermas ¿piensa en algún momento que su propio país, Alemania, estaba dividido en dos? Todavía sigue siendo un enigma… Por otra parte, sigo creyendo que la Revolución de octubre fue un gran momento… no me malentienda, no soy idealista, no soy uno de esos trotskistas locos que dicen que si Lenin hubiera vivido tres años más y hubiera hecho un pacto con Trotsky, no hubiera surgido el stalinismo, sino una Unión Soviética feliz y democrática; no, era una situación sin salida, el stalinismo era una necesidad. Ahí radica la tragedia: ¿cómo pudo ese grandioso leninismo, esa increíble explosión de un nuevo pensar político, terminar en el stalinismo? Todavía tenemos que entender ese proceso, ¿qué fue lo que realmente sucedió en el stalinismo? Tenemos que repensarlo, de manera radical, si queremos ser otra vez de izquierda. Es una tarea todavía inconclusa.

– Es interesante que tenga esa mirada sobre la Unión Soviética, siendo que creció en un país perteneciente a ella… En 1990 Ud. se postuló para la presidencia de Eslovenia…

– No, ése es un típico malentendido yugoslavo. No me postulé para la presidencia, sino para el presidio colectivo (y casi ganamos), era un gremio de cuatro miembros…

– ¿Y cuál hubiera sido su plataforma política?

– Puede sonar un poco cínico, pero en primera línea quise sabotear… y puedo probarlo, simplemente quise ayudar a mi partido: el programa era sencillo: no tenía ilusiones, en aquel momento sabíamos perfectamente dónde estábamos, el régimen comunista se estaba desintegrando, y existía el peligro (como sucedió en Serbia y en Croacia), que surgiera un fuerte movimiento populista, de derecha o de izquierda, que diera lugar a una especie de populismo autoritario, como el de Tudman en Croacia o el de Miloševic en Serbia. En otras palabras, nuestro objetivo fue evitar llegar a una situación en donde sólo tuviéramos la opción de elegir entre nacionalistas populistas de derecha o ex-comunistas. Ése fue mi principal compromiso, y lo logramos: en Eslovenia el espacio político fue ampliado (por lo menos hasta hoy) y pudimos evitar ese bloqueo.

– Desde el 2004, Eslovenia pertenece a la Comunidad Europea y Ud. escribe en un artículo en el Süddeutsche Zeitung en el año 2005: «Debemos separarnos de la Europa de las costumbres históricas, trazar un claro corte, desprendernos de los cuerpos tambaleantes de la vieja Europa. Sólo así podremos renovar el legado europeo y mantenerlo con vida.» ¿Qué entiende Ud. por «legado europeo»?

– El libro al que pertenece ese artículo (todos mis artículos son fragmentos de mis libros), lo explica claramente: el «legado emancipador», que se remonta a democracia griega, a ese primer nivel, la «Polis» de la égalité radical, se convirtió en la vara para medir todas las cosas. Esa idea, según la cual en la democracia no todos están, simplemente, en «su lugar», sino que por el contrario, existe una igualdad, comenzó con la democracia, siguió en el cristianismo (con las famosas palabras de Pablo: «Ni judíos, ni griegos, ni hombres, ni mujeres…»), continúa con la subjetividad moderna, desde Descartes hasta Hegel, y sigue en el comunismo, por lo menos en la idea del comunismo, etc. Creo que necesitamos un empujón; mi llamada a una «nueva Europa» es desesperada, pero también radical, para decirlo de una manera sencilla: ¿dónde estamos hoy? Hoy exsiten dos, quizás tres modelos culturales: el liberalismo anglosajón, el (para decirlo amablemente) capitalismo con valores asiáticos (o sea: el capitalismo autoritario) y, eventualmente y quizás sin demasiada fuerza, el capitalismo populista latinoamericano. Francamente, no quiero vivir en un mundo en donde ésas sean las únicas alternativas posibles. Mis fantasías más salvajes (y tampoco lo veo bien), las deposito en Europa. Europa se encuentra en una evidente crisis… sobre Europa escribí un artículo con un título que hacía referencia a un texto de de Freud «Was will das Weib?»10. Was will Europa, (¿Qué quiere Europa?). No está del todo claro. ¿Sólo una comunidad económica? ¿O una comunidad más fuerte, ideológica? Quizás surja algo más…

– ¿Qué más quisiera activar de la historia del pensamiento europeo?

– Aquí llegamos al punto en donde se me acusa de ser un totalitarista escondido: precisamente esa radical tendencia apocalíptica, específicamente europea, que se encuentra en las cartas de Pablo, esa idea de que se aproxima el fin de los tiempos, nos acercamos al punto cero… En cierto sentido, me atrevo a afirmar, nos acercamos al punto cero; no soy un apocalíptico rígido, no digo que mañana será el fin del mundo, pero tomemos la ecología… Es un tema complejo, y mañana no se terminará el mundo, pero es tan clara la tendencia a acercarnos al punto cero, que debemos cambiar algo. Tomemos la biogenética, en donde se produjo un desarrollo tremendo, ya estamos en condiciones de conectar nuestro cerebro directamente a la realidad externa, y a partir de este punto deberíamos reconsiderar la definición del ser humano. Tomemos el capitalismo: el problema de la denominada «propiedad intelectual», es un gran problema, no creo que el capitalismo pueda resolverlo; no funciona. Bill Gates es una monstruosidad atípica, ¿de dónde sale todo su dinero? Lo que él vende no es un producto real, él privatizó una parte de lo que Marx denominó el «intelecto general» o «el saber común», el medio neutral y público de nuestra comunicación. Según Marx, está cobrando un alquiler, no un beneficio: es el mayor arrendador del mundo.

– Otra vez está del lado de la crítica, no de la solución […] y en su libro «La suspención política de la ética», dice: «Hoy en día, siendo bombardeados de todos lados con las diferentes versiones de la orden del super-yo: «¡Disfruta!», desde el placer sexual inmediato hasta la alegría del éxito laboral o del despertar espiritual, deberíamos dirigirnos hacia un nivel mucho más radical. El psicoanálisis es hoy el único discurso en el que nos está permitido ‘no disfrutar'».

– Si, insisto en ello, ¿y sabe por qué? Vivimos en una época única porque estamos motivados por la ideología. Ya no existen las llamadas clásicas «Sé un cristiano» o «Sé un comunista», «Sacrifícate»… lo que la sociedad hoy quiere de nosotros es una vaga especie de hedonismo iluminado: «Sé tu mismo», «Sé fiel a tí mismo», «Realiza tus potenciales», y siempre con ese aspecto terrorista: ¡Disfruta! ¿Sabe dónde pude experimentarlo? Aquí en Zurich, en la Bahnhofstraße, compré un paquete de golosinas mus caras, empaquetadas herméticamente, hay que comerlas muy frescas, y me reí mucho al abrir el paquete, pues decía: «Sofort Geniessen!»11 Eso es ideología hoy. Creo que hay algo realmente liberador en el psicoanálisis, que ya no es más el viejo psicoanálisis freudeano (la idea de Freud era que tenemos deseos sexuales, pero que la moral dominante nos reprime, y que el psicoanálisis nos ayuda a liberarnos de las trabas y a gozar plenamente), pero hoy la represión surge de la exigencia del goce. Literalmente, lo escucho una y otra vez de psicoanalistas: las personas tienen culpa, no porque tengan deseos prohibidos, como antes, cuando los homosexuales sentían culpa, no: las personas sienten culpa porque no son capaces de disfrutar.

– ¿Quiere proponernos una dieta espiritual?

– No usaría la palabra «espiritual», pero «dieta», sí. Creo que deberíamos desobedecer la orden del super-yo: «Disfruta!». No estamos obligados a disfrutar.

– Si trasladamos esa idea a la política, estoy hablando de una cosmovisión: ¿cómo seguimos?, y en su libro habla de la «suspensión política de la ética»

– No, no me refiero a que tengamos que comenzar a matarnos. Lo que quiero decir es que la izquierda actual está atrapada en un esquema ético-legalista. Sobre todo, la izquierda no tiene una alternativa real sobre cómo reordenar las cosas; esa fue la mayor tragedia del movimiento anti-globalización de Porto Alegre: «están en contra». Pero en cuanto se le pregunta cuál es su programa, se recibe una serie de respuestas vagas, como «más autodeterminación», y cosas por el estilo. La izquierda se limita a moralizar «Que terrible, las personas se mueren de hambre», y tratan de traducir eso a conceptos operativos, «Necesitamos nuevas leyes»… Hablamos de legalidad y moralidad, pero creo que deberíamos romper con ese esquema. Mi fórmula actual es incluso más agresiva: «La suspensión teológica-política de la ética». Claro que no digo «teología» refiriéndome a Dios, sino pensando en las visiones apocalípticas…

– ¿Y se queda con esa visión apocalíptica o nos brinda una luz de esperanza?

– Soy apocalíptico. Cuando se dice «Luz», la gente se refiere a una luz al final del túnel, pero yo (y esta sabiduría cínica sobre las cosas la obtuve del «socialismo real») digo que al final del túnel está la luz del tren que viene a estrellarse con uno. No, sólo veo problemas. Y no veo ninguna solución clara, pero creo que ésa es mi tarea como filósofo. Cuando la gente me pregunta «¿Qué podemos hacer contra la crisis financiera o por la ecología?», mi respuesta es siempre: «No lo sé». Lo que puedo hacer, y creo que es muy importante, es corregir las preguntas. Muchas veces, la forma en la que planteamos un problema es parte del problema. Reproducimos el problema. Por ejemplo, en la ecología… toda esa mitología de la «Madre Tierra», del «Equilibrio roto», del «Retorno al equilibrio»… es sólo esa mitología del New Age, que sólo es impeditiva. Lo mismo pasa con el racismo. Yo estoy en contra de la tolerancia. No es que esté a favor de la intolerancia, pero rechazo la idea de que los problemas del racismo y del sexismo puedan ser automáticamente traducidos a problemas de la tolerancia. Tomemos a Martin Luther King: él jamás habló de tolerancia. Nosotros hablamos de tolerancia porque vivimos, permítame decirlo, en la era post-política: la economía y la administración pública están cada vez más despolitizadas, y los únicos conflictos reales que quedan son, en mayor o en menor medida, conflictos culturales, el aborto y esas cosas.

– Hemos conocido un poco del «Universo Žižek», pero hay quienes no lo encuentran simpático, quienes lo critican. Aquí tengo una reseña de la revista «Orientierung», en donde puede leerse: «De incontables cajones saca Žižek ejemplos históricos, culturales y filmográficos, para referenciarlos en un cambio permanente según el folio interpretativo del momento. Esto no sólo convierte a los ejemplos en algo completamente intrascendente: el remolino de citas activa una monotoneidad que es preocupante, pues la suma de los materiales utilizados no conlleva el apercibimiento de un conocimiento nuevo, sino simplemente una interpretación falsificable y sin sentido»

– Todo lo que tengo para decir (como sabe, es una de las críticas típicas), es que lo mismo fue dicho sobre Hegel: me honra estar en su compañía. Inmediatamente después de la publicación de la «Fenomenología del espíritu» se dijo «esto es una confusión de ejemplos de aquí y de allá, y sobre ellos siempre los mismos monótonos intentos dialécticos…» Lo que quiero responderle a esa persona es: ¿sabe lo que dice Hegel en esa misma «Fenomenología del espíritu»? Dice: «A veces, la maldad está en los ojos de quien la percibe» Quiero decir: mis textos pueden causar esa impresión, pero afirmo que tratan una serie precisa de problemas profundos. ¿Y por qué salto de aquí para allá? Pues porque no estoy hablando ni de esto ni de aquello, estoy hablando de un problema fundamental detrás de todo eso. Pero esta gente, evidentemente, no lo ve.

– En el TAZ12 hay otra nota: «Si existe algo como el prototipo del intelectual nervioso, entonces Žižek es su encarnación»

– Eso puedo aceptarlo. Lo que no soporto es la «sabiduría» del «intelectual sabio»… No, creo que vivimos en una época potencialmente peligrosa, y por eso estoy nervioso. Hay buenos motivos para estar nervioso. Creo que ya no podemos darnos más el lujo de la sabiduría a lo «Dalai Lama», ése es el camino directo a la catástrofe.

– Pero ¿de donde viene la falta de aliento en su pensamiento?

– No lo sé. No estoy seguro, quizás sea una tendencia, una parte de mi carácter. Pero quisiera agregar algo más: lo que me parece muy triste en ese tipo de críticas es que todas apuntan a mi persona, tildándome de «nervioso» o «torpe», o deteniéndose en cuestiones puramente formales. ¿Se ha dado cuenta? Esas dos críticas que acaba de citar (y yo puedo darle muchas más), tienen un punto en común: ¡ninguna menciona nada sobre lo que estoy diciendo! Y tengo tesis muy precisas: «lea a Hegel de la siguiente manera», o «el cine funciona ideológicamente de tal y cual manera»… Pero no, sólo son reproches formales y así, para mí, carecen de todo interés. Pero estoy acostumbrado, a eso y a mucho más. Hace poco fui acusado en la «New Republic», una revista norteamericana, de ser el ideólogo de un nuevo Holocausto. Literalmente. Decían que mi tesis es que hay que matar a todos los judíos, excepto a aquellos que sean críticos contra el Estado de Israel. Por supuesto, es una mentira sin sentido. Pero más problemático para mí es cómo todas esas críticas no apuntan a lo que hago… es como si yo ahora debatiera con Ud. y describiera sus movimientos o su forma de vestirse… ¡Por Dios, estoy planteando una teoría!

– ¿Y cual es, dicho en pocas palabras, su teoría?

– Leer a Hegel con la ayuda del psicoanálisis, y utilizar para ello la visión central de Freud, la pulsión de muerte, ese concepto que nada tiene que ver con un biologismo instintual, y, con su ayuda, leer el tema central del idealismo alemán: la negatividad absoluta. Esa es mi pasión.

– Muchas gracias por la charla.

– Ich danke Ihnen. Danke.13

Sternstunde Philosophie vom 17.05.2009

  1. contrariamente al formato de la entrevista, en donde el entrevistador habla alemán y el entrevistado responde en inglés, sin traducción de por medio, lo que nos hace intuír el bilingüismo de ámbos []
  2. «Ética de la vida», en Alemán []
  3. «La Cosa», en Alemán []
  4. «Estado de las cosas», en Alemán []
  5. «Negatividad autoimpuesta», en Alemán []
  6. «Campo de reeducación», en Alemán []
  7. «Infinitud verdadera», en alemán. []
  8. «Si es que tengo una, eso todavía está en discusión…» En Alemán. []
  9. «Socialismo Real», en Alemán []
  10. «¿Qué quiere la mujer?», en Alemán []
  11. «Disfrútelas en seguida!», en Alemán []
  12. «Die Tageszeitung», periódico alemán. []
  13. «Gracias a Usted, gracias.» en Alemán. []

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