Convivir con el nerviosismo mediático actual

¿La modernidad se ve perfeccionada por el ordenador? ¿Se cumple la promesa de libertad y participación, o estamos simplemente atrapados en sus redes?

El sociólogo Dirk Baecker en búsqueda del vacío que deja el ordenador.

Dirk Baecker entiende la digitalización como la última de las cuatro grandes revoluciones tecnológicas en la historia de la humanidad, cada una de las cuales cambió radicalmente las normas de la convivencia social.

«La digitalización; o sea: la utilización de aparatos electrónicos de todo tipo, a mi modo de ver, reviste la misma importancia fundamental para la cultura humana como antes lo fueron la invención de la imprenta, de la escritura y del lenguaje…»

Dirk Baecker

Con ocasión de la publicación de su último libro concedió la siguiente entrevista al programa «Sein und Streit», emitido por la Deutschlandfunk Kultur, el día 28/10/2018. La transcripción y traducción son mías. (Y en mi canal de youtube, la entrevista completa en alemán para quién quiera escucharla):


Hace dos semanas, la graduada en Estudios Culturales Aleida Assmann dijo en la Iglesia de Pablo en Frankfurt:

«… mientras que la era de la imprenta y la de la fotografía analógica aún estaban centradas en valores como verdad, verificabilidad y evidencia, la era digital está abierta de par en par a la manipulación de información …»

Al mismo tiempo, el sociólogo Dirk Baecker publicó en estos días un libro con el título «4.0 o el vacío que deja el ordenador». Nos encontramos con Dirk Baecker en nuestro estudio en Berlin, y al preguntarle sobre su mirada como sociólogo en torno a las condiciones digitales del presente, nos vemos envueltos en una conversación sobre las cuatro grandes edades tecnológicas de la historia de la humanidad…

DIRK BAECKER: Aquí comienza mi interés sobre la digitalización, no solo privado y personal, sino profesional y sociológico…

ENTREVISTADOR: Exacto! Eso es lo que queremos conocer: su mirada sociológica a la digitalización!

— …exactamente, ese es el quid de la cuestión: para mí, la digitalización —es decir: la utilización de aparatos electrónicos de todo tipo— reviste la misma importancia profunda para las estructuras sociales y para la cultura humana como la tuvo antes la introducción de la imprenta, antes de eso la introducción de la escritura y antes de eso la introducción del lenguaje. Quiere decir: estamos retomando a pensadores como Marshall McLuhan, Friedrich Kittler y otros al hablar de las cuatro grandes Edades Tecnológicas de la HIstoria de la Humanidad

— cada una de las cuales fueron inconmensurablemente largas…

— y son cada vez más cortas! Tenemos una lengua desde hace… no se sabe con precisión, solo podemos conjeturar una aproximación de acuerdo al tamaño del cráneo o a estructuras mandibulares… pero debe haber caído a la tierra aproximadamente hace treinta o cuarenta mil años… Hay una frase muy bonita de William Burroughs, «Language is a virus coming from outer space»: La lengua es un virus venido del espacio exterior… porque ¡fue tan precipitado! Repentínamente ya no estábamos solo cara a cara, solo corporalmente con los demás; de repente comenzamos a oír palabras ¡de las que nunca podemos estar seguros a qué se refieren exactamente! Es lo que yo llamo «El problema de Refrencia de la Lengua», que fue tan repentino que obligó a la manada primordial —si es que puede llamársela de esa manera— a organizarse en tribus cuya función principal consistía en darle forma a ese problema y a la solución de ese problema (¡y no a la lengua en sí misma!) Ese problema debió ser controlado para que no cualquiera, en cualquier momento, le dijera a cualquier otro cualquier cosa que se le ocurriera…

— Entonces: hace treinta, cuarenta mil años: 1.0, la lengua, la oralidad

— sí; oralidad. Y después tenemos hace aproximadamente ocho mil años la aparición de la escritura…

— 2.0

— 2.0: y más específicamente, hace aproximadamente cinco a cuatro mil años: la escritura alfabética, la condición necesaria para que esa oralidad fluída, esa lengua fluyendo alrededor de nuestros oídos pueda fijarse, observarse… El concepto de «análisis», el desmenuzamiento de la visión aparece así con los griegos; y la sociedad sufre una explosión de horizontes temporales; porque escribir es: poder leer lo que se escribió ayer, escribir lo que deberá ser leído mañana, súbitamente aparece la necesidad de tener conceptos como «pasado», «presente» y «futuro»… Otra vez apareció una nueva estructura social, la llamada «sociedad estratificada»… es decir, organizada en estratos sociales… la civilización greco-romana debió así transitar los retos del nuevo… con palabras de Luhman, del nuevo «superavit de sentido», es decir: más formas, más símbolos de los que pueden ser procesados en un momento dado

— «estratificado» significa «en capas», una sobre la otra… ¿y no las había antes de la escritura?

— No en esa dimensión diferenciadora, entre nobles y plebeyos por ejemplo… por supuesto, había jefes, había jerarquías, también había palacios, había segmentos en donde se adivinaba una estratificación más acentuada…

— «en capas»

— Sí, en capas, que formaban un órden estabilizador en la sociedad que, en esencia, funcionaba de forma tal que si habías nacido en ese estrato ya no podrías abandonarlo nunca más. Es, por así decirlo, lo… «dramático» a la estratificación social: que se lo define «qua nacimiento». Y esto es lo que vino a romper la sociedad moderna, al inventar al individuo, que se abre camino a través de esas capas (que aún existen, pero mucho más debilitadas). Ahí aparece el 3.0. El 3.0 es muy interesante porque la introducción de la imprenta es responsable de la aparición de la sociedad moderna…

— ¡Pero aquí hay una diferencia importante! ¡»Lo Escrito» no es lo mismo que «Lo impreso»!

— ¡Correcto! Con la imprenta aparecen «los escritos», que son libros, son periódicos, son volantes, son billetes, son documentos oficiales, son diplomas de escuela…

— ¡Es la biblia!

— sí, la biblia también pertenece a este grupo… curiosamente, Guttenberg inventó la imprenta para distribuír masivamente la biblia. Cosa que rápidamente se convirtió en una blasfemia, pues la biblia estaba reservada a los ojos de los sacerdotes y no estaba destinada a los ojos del pueblo; y al principio se pensó «bien, quizás podamos contrarestar las nefastas consecuencias de la imprenta si con ella distribuímos únicamente la biblia», pero pronto se tuvo que aceptar que también servía para distribuír otros escritos… Aparecieron los «humanistas», que en el siglo XV y XVI eran los «Content Provider» de la imprenta; así es como los denominaríamos hoy; y el truco consistió en que… (por supuesto que esto sucedió luego de la alfabetización generalizada, es algo que tardó décadas, o más bien siglos en llegar), el truco fue que con la imprenta cualquiera podía informarse sobre cualquier tema, sobre el estado de la jardinería, de la democracia, las inversiones, la educación… lo que sea. Y el resultado fue que cualquiera que hubiera leído podía criticar a cualquier otro en cualquier momento. La imprenta moderna es una crítica en la que todos pueden criticar a todos en todo momento, y que, además ¡debe ser aceptada por todos!

— ¿Por qué? Porque se puede revisar…

— Porque los demás también leyeron y comienzan a decir cosas. Kant tiene un pequeño ensayo, «¿Qué es la ilustración?» Y en las primeras páginas aparece el espanto: ¿Qué hacemos con estos «privados»… es decir, con estos hombres que sentados en sus casas, sin que nadie pueda controlarlos, leen cosas… ¡Cualquier cosa! Sin tener los medios para controlar si lo que leen es verdadero o falso, y sin embargo, salen de sus casas y van al mercado (o a dónde sea) y pregonan cualquier cosa que se les haya ocurrido durante esa lectura?

— Estos «privados» son, si mal no recuerdo, quienes construyen la esfera pública… o sea que son los privados quienes hacen lo público…

— Bien, sí, esa es la descripción enfática, por así decirlo de la conveniencia de un estado en realidad intolerable…

— Y eso encaja perfectamente con un público que actualmente está marcado por fenómenos como Twitter u otras redes sociales, en donde el chiste reside, justamente, en que estoy solo en mi habitación y… escupo cosas al mundo con una mayor incontinencia que la que observaría en otros contextos, en una reunión por ejemplo (probablemente en coincidencia con la crítica actual)

— Bien, en primer lugar aquí hay que decir que la esfera pública clásica de la burguesía era un medio de control. En efecto, Kant propuso en su escrito «¿Qué es la ilustración?» que los eruditos solo pudieran hablar si en el mismo espacio hubiera un segundo erudito, para que el segundo pudiera controlar al primero. Lo que nadie podía prever era que la gente que leería los diarios sería criticada por el propio diario y por otra gente que también había leído los diaros. Ese era un proceso que, comparado con lo que experimentamos hoy, requiere tiempo. Por lo menos necesita de un día entero, hasta que, por así decirlo, cada uno hubiera leído su diario y fuera a su lugar de reunión, en el salón, el café o donde sea… Pero el resultado es que lo que aparece en los diarios y lo que se imprime en los libros podía ser controlado de manera feroz por alguna autoridad: el redactor, el autor, etc. Muchas cosas eran posibles, ¡pero no todo! La situación en la que hoy nos encontramos, es… como se dice habitualmente y sin ninguna ironía: la tertulia se ve extendida a la esfera pública; y cualquier comentario al azar que se le ocurre a cualquier persona en cualquier lado, encuentra su lugar, incontrolablemente, en los posteos de las plataformas de este mundo. Nos encontramos ante una situación totalemente diferente, porque las autoridades, las opiniones aceptadas por todos, los antiguos canales por donde fluía aquello que debía ser comunicado… ya no existen. Aún así, a la diferencia entre lo público y lo privado (que considero importante) yo no le daría más importancia de la que se merece. En cuanto nos enfrentamos a algún tipo de medio (ya sea lengua, escritura, imprenta o electrónica) tenemos que lidiar con efectos públicos; y la dificultad que aparece al intentar escapar de la esfera pública (que cominza en la calle), al intentar recluírnos en nuestra habitación a solas para preparar el discurso público… quiero decir: al pensar en algo y decirlo, en ese momento ya nos encontramos dentro de lo privado y lo público a la vez.

— Y también es característico para la época de la imprenta que se tenga algo concreto entre las manos, ya no podemos decir —como en la época oral—, «dije esto y aquello», o afirmar cosas, o girar fluídamente en torno a los temas; Por el contrario, existe una mayor persistencia y verificabilidad en esta época.

— Sí; una verificabilidad, un comentabilidad… y surge la idea, por primera vez, que los escritos mejoran con el tiempo y que son mejores cuanto más jóvenes son; y no peores, como se creía en la antigüedad (con cada copia se producían más y más errores) . Para mejorar es necesaria la crítica; y la posibilidad del comentario es una forma de control crítico.

— ¿De cuándo data la época de la imprenta? ¿La época de la Humanidad 3.0?

— En efecto, surge con la aparición de las letras móviles; ese sería el momento más visible, más potente. Comienza en 1520, y termina… ¿en treinta o cuarenta años? Por supuesto, todavía nos encontramos en medio del proceso. No hay «cortes duros», no hay una fecha exacta, no podemos decir «en octubre de 1973» comenzó la Sociedad Próxima, es decir: la Sociedad del Ordenador… estas cuatro Edades Tecnológicas se superponen unas a otras. Lo podemos notar en este mismo momento: todavía tenemos que lidiar con el problema del lenguaje.

— ¡Absolutamente!

— ¿Quién dice qué cosa al utilizar qué palabra?

— Y hacia allí apuntaba mi siguiente pregunta: luego de hablar del «4.0», ¿En donde se encuentra esto que estamos haciendo? ¿Dónde ubicamos a la radio? Porque al mismo tiempo estamos en un ámbito plenamente oral, en una conversación que, así como está sucediendo, no puede leerse en ningún lado y nadie sabe exactamente que pasará a continuación, ni predecir nuestra experiencia… Si lo ubicamos históricamente, diría Edad de la Humanidad 1.0, que venimos arrastrando hace treinta mil años… Y por otra parte, todo esto terminará en un archivo digital

— La radio es sin lugar a dudas 4.0. Es un medio electrónico; electrónico porque puede controlar su propia conexión (o sea: de manera técnica), es un medio masivo de distribución, de distribución de comunicación (potencialmente) a cada habitante del planeta, si bien es cierto que está atrapada en el famoso modo de «un solo canal»: en este momento ningún oyente puede interrumpir el flujo de las ideas que estamos aquí… «torturando», estuve a punto de decir (risas)

— ¡Solo yo puedo interrumpirlo!…

— Exacto ¡Ud. puede hacerlo! Quizás pueda decirlo así: creo que la radio todavía está muy influenciada por cierta autopercepción, que mantuvo durante mucho tiempo, de ser la traducción de un producto escrito, una especie de revista… una revista que no existe en papel, sino en el medio del éter; y que muy lentamente fue creciendo y adoptando sus propias verdades electrónicas, podría decirse su conectividad extrema, su apertura a comentarios de todo tipo… de música, de sonido… y también de habla, de noticias, de publicidad, de entretenimiento y seriedad, etc etc etc… en intercambio permanente con los oyentes. Quiero decir: todos recordamos la hipótesis de Berthold Brecht, quien basado en la radio de los años veinte se imaginó el surgimiento de algo muy parecido a lo que pasó después con la aparición de internet: que llegaría un momento en el que los periodistas, con el micrófono en mano, recorrerían las calles de la ciudad entrevistando a la gente sobre cualquier tipo de cuestiones y que eso sería transmitido instantáneamente a todas partes del mundo.


intermedio


— Está escuchando Deutschlandfunk Kultur: el programa de filosofía «Sein und Streit», y estamos conversando sobre la digitalización con el sociólogo Dirk Baecker, quien publicó en estos días un libro con el título «4.0 o el vacío que deja el ordenador». La segunda parte del programa se refiere a lo dicho por Aleida Assmann, graduada en Estudios Culturales, quién hace pocos días dijo lo siguiente:

«Mientras que la era de la imprenta y la de la fotografía analógica aún estaban centradas en valores como verdad, verificabilidad y evidencia, la era digital está abierta de par en par a la manipulación de información. En abril de este año, un empleado de Google publicó un video que mostraba a Obama diciendo algo que nunca dijo, pero que parecía increíblemente real. Imitando su mímica de forma orgánica y natural. Dentro de poco, cualquiera podrá poner palabras en boca de otros, en el sentido más exacto de la expresión, y nadie será capaz de distinguir en realidad quién es el autor de lo dicho.»

— Sr. Baecker ¿Comparte esa idea sobre la manipulación de la información bajo las condiciones digitales del presente?

— En principio, es una observación correcta, pero existen algunos aspectos que no comparto. En primer lugar, no creo que el fenómeno de las Fake News sea algo tan pero tan nuevo: en el siglo XIX, en el siglo XVIII, ya tuvimos escándalos en los cuales nunca se supo que era verdad y qué era Fake News; pensemos por ejemplo en el caso Dryfuss. La palabra «Fama» (el «rumor»), es una palabra anqituísima, de la que ya se ocupaban los romanos y los griegos, concepto sobre el cual podemos leer en Homero y en Heródoto; el rumor, es decir: la noticia sospechosamente cierta, pero probablemente falsa, ha sido la causante de conflictos y guerras, porque irrita a la gente, la enfurece y la lleva a tomar las armas en cuanto se le presenta la oportunidad de ir a la guerra

— Pero también podemos decir que hoy todo transcurre mucho más rápido, porque podemos manipular las imágenes muy fácilmente desde nuestros smartphones y subirlas a Instagram… o pongamos otro ejemplo, uno que ocurrió hace pocas semanas, pocos meses y tuvo gran relevancia política aquí en Alemania: comienza a circular por la red un video sobre los sucesos en Chemnitz, y nadie puede decir con seguridad si fue manipulado o no, y ese video se transforma en muy poco tiempo en una cuestión política, si es real o no, si es fake o no…

— Efectivamente, todo sucede más rápido. También puede corregirse más rápido. En mi opinión, el fenómieno más interesante es el siguiente: ¿cómo surgen estas «burbujas» de gente, de grupos, de clanes, si lo desea: de redes, las cuales son altamente receptivas a las Fake News y que depositan su fe a cualquier precio el ellas, lugares en dónde las Fake News deben y quieren ser creídas? Creo que ahí se pone interesante, ahí podemos decir que nos enfrentamos a un fenómeno doble, una cara del cual… o mejor dicho: nos enfrentamos a las dos caras de un mismo fenómeno: por un lado está la sobreexigencia que experimentamos por la multiplicidad de informaciones que aparecen durante la… podríamos decir «exploración relajada» de la red; la sobreexigencia de encontrarnos permanentemente con informaciones que se contradicen, de no saber quién las puso ahí ni porqué, ni saber dónde encontrar mecanismos de autocontrol; y que por eso producen la impresión de encontrarnos solos ante nuestra propia sobreexigencia; y de acuerdo al grado de presión, al grado de emergencia experimentado en la tensión del querer-comprender y el ya-no-poder-comprender, nos refugiamos en lo que siempre quisimos creer. William James escribió en los «Principios de la psicología»… En el año 1890… El hermano de Henry James, cofundador de la psicología pragmática, escribió «los hombres creeríamos cualquier cosa, si solo pudiéramos», y las burbujas que se cristalizan en torno a las Fake News son… grupos de gente que quieren creer lo que quieren creer; y que cultivan —en el sentido más amplio de la palabra—, las Fake News como objeción a un mundo que no pueden ni quieren comprender. Quiero decir: todas estas palabras, «Prensa Hegemónica», «Elite» y todo eso que últimamente está tan en boga, son palabras que describen la sobreexigencia ante un discurso con el que esta sociedad, en su modus operandi moderno de una esfera pública razonable, se auto-in-forma. La sobreexigencia aparece cuando no se encuentra el trabajo que se está buscando, la sobreexigencia aparece cuando ya no se encuentran puntos en común con una sociedad (¡qué se yo de qué manera!) homogénea, y ahí es cuando se recae en el cultivo de las Fake News, que en esencia subsisten no porque deban ser creídas, sino porque otros creen en ellas; es decir: porque otros las comparten.

— ¿No aparece ahí otro juicio sobre el estado actual de la esfera pública digital, según el cual se tiende a la histeria, que todo sucede muy rápido, que es muy vertiginoso, etc.?

— Creo que sí. Aunque no estoy seguro en qué medida esa «histeria» no sea parte de la descripción externa; ya que que podemos experimentar en nuestra propia… Yo, por ejemplo, lo noto en mi propia dinámica con el E-Mail o en Twitter: la vida en el mundo de los aparatos digitales, de los medios electrónicos, es una vida que posibilita el contacto permanente, y por momentos no solo lo posibilita sino que hasta lo impone, pero que puede ser controlado por nosotros (¡y esto es muy importante!) en la medida en la que participamos del contacto permanente pero siguiendo nuestro propio rítmo Eso que algunos denominan «histeria»,ese tipeo permanente sobre la pantalla de nuetrsos smartphones, para otros es una acción tranquilizante de la comprobación del hecho de que todo está bien: «Nada grave ha pasado, la vida de nuestros los familiares continúa por los caminos habituales, en las oficinas, en las secretarías todo está bien, podemos volver a nuestras actividades analógicas». Es decir: por un lado estamos fascinados (¡y esto también hay que decirlo!) por un lado estamos fascinados por la velocidad con la que somos capaces de comunicarnos con familia y compañeros de trabajo, y por otra parte buscamos todo el tiempo alejarnos de la posibilidad de la comunicación instantánea al asegurarnos de que no sucede nada preocupante; y eso solo es posible si chequeamos nuestros smartphones y después continuamos con nuestras actividades habituales.

— Suena como una descripción empática y sensible de lo que otros denominarían «Adicción al Smartphone». Está explicando por qué estoy todo el tiempo mirando la pantalla de mi smartphone…

— Sí, bueno, no tengo nada que ver con esa descripción, no es mía… Quizás yo mismo sea adicto, los adictos no son conscientes de su condición. Mientras uno crea que tiene las cosas bajo control, uno cree que está libre… libre de los efectos dañinos; y es eso justamente lo que nos introduce en la adicción, desde Baetson que lo sabemos, que describió el fenómeno estudiando a los alcohólicos… alguien que sostiene el vaso y dice «puedo beberte porque no me controlas», y luego bebe, se convierte así en un adicto.

— Porque la situación se repite…

— Porque la situación se repite. Entonces, esa descripción no es mía; la puedo compartir, la puedo aceptar… solo pienso que ese tipo de crítica a menudo aparece junto a otra descripción paralela sobre la banalidad del contenido de la comunicación. «Estoy caminando en Broadway mientras me como un Hotdog» ¿A quién le importa? En seguida los críticos de la «histeria» y la «adicción» hacen esa pregunta.

— Y las imágenes… que circulan en las redes de los platos de comida… las fotos de los Spaghetti…

— Sí, bueno, debo reconocer que a veces a mí también me molestan un poco; pero aún así: en medio de este mundo cada vez más nervioso (o quizás siempre haya sido igual de nervioso), es una pequeño, insignificante y maravilloso mensaje que le dice a los demás: «¡Todavía estoy aquí!» «¡Me interesa lo que están haciendo!» «Creo que a Uds. también les puede interesar lo que yo estoy haciendo, les envío esta foto y sigo comiendo!» Lo repito una vez más: es una forma de conexión tranquilizante en el medio intranquilizante del Ordenador.

— Y en este marco, si volvemos a preguntar ¿Cómo, bajo estas circunstancias, se puede construír una esfera pública funcional…? ¿Cómo hacemos? Quiero decir; un público que bajo estas circunstancias… cómo dijo Ud. mismo: es propenso a la falsificación, al Fake, a lo estéril, es propenso a… ¿Cómo decirlo? Propenso a cosas banales que son adictivas.

— Creo que aquí sirve olvidar el singular: no hablar de «el público» o «la esfera pública», sino de «los públicos» y «las esferas públicas» en entender que existe un publico político, un público estético, un público educativo, un público religioso… Existe hasta una esfera pública del derecho, por ejemplo. Eso implica que la gente sabe perfectamente cuál es su área de interés y siempre está en condiciones (siempre y cuando no esté operando en el estado de amenaza y sobreexigencia del que hablamos antes) siempre está en condiciones de switchear entre lo que está haciendo y lo que no está haciendo, y de observar si lo que está haciendo sigue teniendo sentido… Yo hablaría de «los públicos» y «las esferas públicas», en plural.. Y también me parece importante observar, como lo hizo el sociólogo Gabriel Tart en 1910, me parece importante observar el proceso de retroacoplamiento que se produce entre el público (o si quiere: una parte del público) y su proveedor de opinión correspondiente (por ejemplo el teatro, o el partido, o la iglesia, o cualquier productor de informacion que se le ocurra); un proceso de retroacoplamiento que se produce en un sendero muy angosto y que produce choques y fenómenos de control de aquello que se considera interesante, controlable, productivo; qué es entretenimiento, qué es publicidad, qué es quizás una noticia que amenaza con cambiar cosas o dar lugar a otras… En definitiva, no me importa tanto esa esfera puntual de lo público en representación de la sociedad en su conjunto, ni el desarrollo de una racionalidad social, como lo postula Habermas; si no que por el contrario, confío más el el conjunto de todos los públicos, cada uno de los cuales persigue intereses muchas veces irracionales, pero que en su interacción pueden potenciarse y frenarse unos a otros.

— y que sin embargo conforman una serie, un «ensamble» de esferas públicas…

— funciona, sí, pero en el sentifo que de extisten, de que «son». No me animo a afirmar que cumplan una función positiva para algo, más allá de concentrar atención.

— Su perspectiva también está marcada por, o por lo menos Ud hace incapié en su libro, que la digitalización de la sociedad… Que la expresión «Digitalización de la Sociedad» funciona en dos direcciones: La sociedad es digitalizada; y la digitalización es socializada, podría decirse…

— La sociedad es el actor de la digitalización, de alguna manera hay que poner en marcha el aparato digital… hay una ejemplo muy bonito: en los hospitales de este mundo el ordenador tardó cuarenta años en pasar de los sótanos de los centros de cómputos a la cama del paciente… Cuarenta años…. quiere decir que hubo un actor que estaba interesado utilizar ordenadores; y al mismo tiempo (lo muestra la historia) el ordenador es el medio que digitaliza la sociedad («Sociedad» en genitivo objetivo). Y uniendo estos dos fenómenos, al final, nos encontramos con una sociedad que se digitaliza a sí misma. Así, nosotros estamos en control…

— Nosotros en el sentido de «Nosotros los seres Humanos»

— Nosotros los seres Humanos en esta Sociedad, en donde al mismo tiempo estamos hablanos (¡y con razón!) de que los ordenadores son los que determinan cómo interactuamos con los ordenadores…

— llegados a este punto quisiera que pudiera extenderse un poco sobre el tema, sobre todo pensando en el subtítulo de su libro, que suena tan poético… «El vacío que deja el ordenador», que es una referencia a Alexander Kluge y su libro «El vacío que deja el diablo»1 … Aquí el diablo es el ordenador. ¿Cuál es el vacío que deja el ordenador?

— El vacío que deja el ordenador es el vacío en el que la sociedad, con sus formas tradicionales de la Política y la Economía, de la Justicia y de la Religión, etc., de la Familia, con esas formas heredadas, intenta modificar o conservar esa tradición, a favor de una vida con el ordenador y en el ordenador; a ver, dicho más claramente: ningún software, ningún algoritmo puede decirnos cual ha de ser el correcto funcionamiento de la economía o de la política o de la familia; los aparatos digitales y los medios electrónicos están a la espera de que a esta sociedad se le ocurra una idea sobre cómo ensamblar todo, sobre cómo usarlos.

— ¿Es una llamada a la Libertad Humana? ¿A a capacidad de acción?

— Sí, quizás, pero yo no quisiera enfatizarlo tanto porque esa libertad está limiitada por las posibilidades técnicas, que están en gran parte predeterminadas…

— El vacío que deja el ordenador no es demasiado grande entonces…

— El vacío que deja el ordenador es solo el vacío del diseño de ciertos paquetes de software, y de la utilización de esos paquetes de software… En el vacío que deja el ordenador no hay lugar para preguntarse si podemos esquivar o evitar el ordenador. Ya no podemos.

— Entonces tenemos al vacío que deja el ordenador, pero del ordenador ya no podemos librarnos. Si desea comprender cabalmente las ideas de Dirk Baecker sobre la digitalización, puede consultar su última publicación, el título es «4.0 o el vacío que deja el ordenador», y fue publicado por la Editorial Merve.

  1. El libro en cuestión fue publicado en español bajo el título «El hueco que deja el diablo», que respeta más la literalidad del título original («Die Lücke die der Teufel lässt»). Sin embargo, en el contexto de esta entrevista y del libro publicado por Baecker, creo que «vacío» es una mejor elección de traducción que «hueco». []

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *