El Bullshit y el fin de los Grandes Relatos

Una de las cosas que más me gustó de la película „The Master„, de Paul Thomas Anderson, es que muestra con mucho detalle una estrategia de comunicación que apareció después de la segunda guerra mundial y que en las últimas décadas ha sufrido un crecimiento exponencial. Es aquel intento de manipulación cuyo contenido no podemos definir ni como verdad ni como mentira; es lo que el filósofo Harry Frankfurt denominó en su ya clásico ensayo de 1986, con el término (un tanto prosaico) de Bullshit.

La película (recomendadísima por cierto) muestra los últimos años de Lafayette Ronald Hubbard y se centra en el proceso fundacional lo que después se conoció con el nombre de „Cienciología“, que podríamos definir como una secta sumamente delirante, un negocio sumamente millonario y una organización sumamente faccista. Analizar la comunicación de este tipo de organizaciones y de los charlatanes en general es bastante esclarecedor para comprender lo que Frankfurt intentaba describir cuando hablaba de Bullshit.

Dice Alejandro Katz:

  „¿Qué es el Bullshit en la idea de Frankfurt? No es la mentira; es el lenguaje que es indiferente a la verdad; que es distinto que la mentira: el tipo que miente tiene una idea de qué es verdadero y de qué es falso y elige una cosa o la otra; [ahí] hay una consciencia de la verdad; [pero] el productor de Bullshit es idiferente a la verdad; el productor de Bullshit solo está atento a su interés, y construye un discurso en función de su interés; no en función de la la proximidad de lo dicho con la verdad o con la mentira“

  „Lo que le importa al productor de Bullshit no es que intente engañar respecto de cada una de las cosas que tergiversa, sino que intenta engañar respecto de las intenciones de lo que hace. Su mirada no está para nada dirigida a los hechos, no le importa si las cosas que dice describen la realidad correctamente o no: llegado el caso las elige, o las inventa, a fin de que le sirvan para satisfacer sus objetivos.“ (Ver Katz, Alejandro El Simulacro. Por qué el Kirchnerismo es reaccionario 2013, Ed.Planeta)

Pero ¿por qué existe el bullshit? Y ¿Por qué los charlatanes de este tipo, ya sean políticos o culturales, han proliferado tanto en los últimos 50 años?

Creo que hay dos fenómenos que explican gran parte del éxito de este tipo de manipulación:

Por un lado,el Bullshit mezcla con muchísimo éxito ciertos elementos de la cultura popular de la época en la que se produce con un discurso en apariencia renovador; así, se apela a la pobre cultura general del interlocutor y se crea un doble vínculo de confianza: la Cienciología hace una interpretación delirante del Psicoanálisis, el Esoterismo Cuántico hace una interpretación delirante de la Mecánica Cuántica, la homeopatía hace una interpretación delirante de la Medicina, el Populismo hace una interpretación delirante de la Democracia, y así sucesivamente.

Y el oyente, que tiene un conocimiento muy superficial de las teorías a las que remite el bullshit, cree por fin comprender esa versión diluída y deformada de aquello que no conoce realmente y por eso, confía aún más en el charlatán de turno.

En segundo lugar, esa versión light de teorías y fenómenos complejos tiene mucho que ver con otro fenómeno posmoderno y que surgió luego de la segunda guerra mundial: el el fin de los Grandes Relatos. Creo que el Bullshit, tal como lo describe Frankfurt, ha venido a ocupar el lugar que dejaron los „Grandes Relatos“ que existían cuando todavía existía una forma épica de ver el mundo y cuando los líderes carismáticos cautivavan a las multitudes con un discurso grandilocuente; pero en el mundo actual los Grandes Relatos… han muerto.

Existen múltiples intentos por explicar el por qué los Relatos Épicos ya no convencen a nadie. Casi se podría decir que han perdido todo sentido: en una época en donde la verdad es relativa al observador, la Verdad con mayúsculas no inspira respeto ni devoción. Los Grandes Relatos, que hasta hace no mucho tiempo eran parte de las Grandes Respuestas a las Grandes Preguntas, han quedado reducidos a una suerte de „dimensión historiográfica de la verdad“. Sabemos que alguna vez existieron y los recordamos, a veces con nostalgia, a veces con desprecio, pero sabiendo que ya no volverán a ser parte de nuestro presente ni promesa de nuestro futuro.

En parte porque para poder funcionar, los Grandes Relatos exigen de su audiencia una cuota tan grande de devoción y de fe que nos vuelve indefensos ante los inescrupulosos y los sociópatas.

Este conocimiento, claro, exige un gran tributo: hoy las respuestas a las Grandes Preguntas son tan simples como decepcionantes: Dios no existe, no existe un Propósito para nuestra existencia, el Sentido de la Vida no está escondido en ningún lugar (y mucho menos en persona alguna), nuestras Pasiones (que hasta no hace mucho podían consumirnos hasta las cenizas) no son sino otra cosa que insignificantes, efímeras y pequñísimas partes de un mundo que ahora comprendemos extremadamente complejo y multifacético, y del cual tenemos casi la certeza de que nunca seremos capaces de entender ni aprehender por completo. Los autos de fe, que durante mucho tiempo de nuestra historia tuvieron el poder de redimirnos, no son otra cosa que las salvajes prácticas de unos primos demasiado alejados en el tiempo o en todo caso demasiado lejanos en el espacio como para sentirnos de algún modo identificados con ellos.

Comprender todo esto produce decepción y, sobre todo, miedo; y aunque todo esto sea parte de nustra evolución social y como tal, sumamente positivo, creo que no estamos reaccionando como deberíamos frente a este conocimiento: el resurgimiento de los fanatismos religiosos y la superproducción de Bullshit político y cultural, tiene directamente que ver con este sentimiento de indefensión, con nuestra necesidad patológica de sentirnos protegidos por… algo mayor.

El discurso extremista y conservador disfrazado de tradición monoteísta y el Bullshit en forma de relatos intelectualmente pobres y conceptualmente vacíos, pero emocionalmente fuertes y convincentes, son la forma más barata y más rápida de conseguir las certezas, la seguridad y el cobijo que perdimos con el desmoronamiento de los Grandes Relatos, pero también son el atajo más peligroso hacia el sometimiento moral, y la esclavitud material por parte de los mismos inescrupulosos y los mismos sociópatas de los que creíamos habernos liberado.

Mantener el espíritu crítico, cuestionar las convicciones propias y ajenas e intentar descubrir en donde nos equivocamos (porque, si de algo podemos estar seguros, es que SIEMPRE estaremos equivocados en algo) es un buen antídoto para no caer en la garra de los charlatanes y para no convertirnos, sin querer, en habladores de bullshit. Aunque el precio de esto sea tener que soportar el desprecio de algunos, y la violencia de otros.