Todos los mundos, el mundo

„Llega a la Argentina el servicio de pago PayPal, por ahora, solo para exportadores“, leo en La Nación del 29 de marzo de 2017. PayPal, el “servicio de pago” creado por Elon Musk en 1998 revolucionó con un éxito ciertamente considerable la forma de transferir dinero en un mundo en donde la inmediatez del click se tornaba cada vez más imprescindible en absolutamente todos los ámbitos, desde el envío de mensajes hasta el envío de dinero, pasando por el envío de flores, condolencias, declaraciones de amor u odio y cualquier otro tipo de comunicación imaginable. Hoy, casi 19 años más tarde —si bien PayPal no ha perdido vigencia ni mucho menos—, ya se vislumbran, en un horizonte para nada lejano, las primeras señales de su inminente obsolescencia: las criptomonedas como Bitcoin o cualquier otra basada en el Blockchain (o en tecnologías que todavía no se han inventado) harán de PayPal (y del Dólar y el Yen y el Euro) cosas tan clavadas en el pasado como hoy lo son los libros encuadernados a mano o el papel secante.

Pero no quería ponerme a hablar del papel secante (mención que por otra parte delata mi edad de forma inequívoca y vergonzosa), sino reparar en el curioso hecho de que pocos años más tarde, en 2002, PayPal fue comprada por eBay; y en estos 15 años, en los apenas 180 meses en los que PayPal no entró a la Argentina y con el dinero que obtuvo por su venta, Elon Musk fundó otras empresas, entre las cuales hay dos que están cambiando de manera especialmente radical lo que será la morfología de la humanidad del siglo XXI: hablo de SpaceX y Tesla Motors.

Con SpaceX, el equipo de Musk desarrolló la tecnología necesaria para construír cohetes espaciales reutilizables (y aquí el pretérito no es un error ni una muestra de desmesurado optimismo; los cohetes existen y funcionan, como puede observarse aquí  y aquí) , lo que abarata el costo de llevar hombres y máquinas al espacio en un factor de 1:100. El objetivo declarado de Musk es impulsar la investigación aeroespacial y en un futuro mediato llevar hombres a Marte; los resultados hasta ahora son muy prometedores, y existen planes para comenzar la colonización del planeta rojo hacia 2030.

Por otro lado, los resultados que está mostrando Tesla Motors en su corta existencia no son menos asombrosos. En apenas 14 años, la compañía de Musk desarrolló un motor electrico tan eficiente y baterías con tanta densidad energética, que por primera vez en cincuenta años el automobil eléctrico no solo es una realidad: es una alternativa viable y hasta económicamente conveniente frente a los vehículos de combustión interna. Las implicancias no solo tecnológicas, sino (y por sobre todo) sociales de este invento son inconmensurables; creo que todavía no llegamos a abarcarlas en su total magnitud. Por primera vez en la historia moderna estamos a punto de liberarnos de una vez y para siempre de la maldición de haber atado el desarrollo al consumo de combustibles fósiles e hidrocarburos. La investigación, la invención y perfeccionamiento de formas de generación de energía sustentable impulsados por varios actores (entre los que también se encuentra otro de los emprendimientos de Elon Musk: SolarCity), está avanzando a pasos agigantados. En un futuro no demasiado lejano, en un futuro en el que Usted y yo probablemente estemos vivos, la matriz energética del mundo estará conformada principalmente por pequeñas unidades de generación de energía solar en los hogares, acompañada por algunas centrales hidroeléctricas y granjas eólicas. Imagínese Usted cómo será el mundo cuando hayamos detenido, en apenas un puñado de años, el avance del efecto invernadero. Imagínese Usted cómo será el mundo cuando el consumo de hidrocarburos baje en un 99% y el barril de petróleo cueste una fracción de centavo. Imagínese Usted que pasará con el mundo, especialmente con Oriente Medio, cuando los jeques árabes ya no puedan desayunar ensalada de trufas bañadas en oro con rayadura de carrocería de Lamborghini todos los santos días de Al-lāh

Y esto es solo una parte de la historia. La otra parte es aún más fantástica y (acaso paradójicamente) más inmediata. Gracias al desarrollo de la inteligencia artificial basada en redes neuronales, el automovil autónomo ya es una realidad (como puede observarse aquí  y aquí). A partir de 2018, Tesla Motors comercializará su Model 3, cuyo precio de lista rondará los 35.000 u$s1 . Ese modelo (y todos los demás autos que fabrique Tesla Motors de ahora en más), vendrá equipado con el hardware necesario para la conducción autónoma de nivel 5, lo que quiere decir que bastará con sentarse en el coche y comunicarle un destino a la computadora de abordo para ser conducido a dicho destino de forma completamente automática.

En el mismo ejemplar de La Nación que mencioné más arriba también encontramos una nota sobre (supuestamente) los vehículos de conducción autónoma, que hace hincapié en que el cambio de paradigma impulsado por los millennials está dando lugar a nuevos ecosistemas en donde el denominado carpooling está cobrando una importancia cada vez mayor y un montón de otras cosas en donde se hace poca mención a los autos autónomos, aunque el título sea Futuro cercano. Los autos sin chofer están más cerca de lo que creemos. O sea: nos encontrmos frente a otra columna de vergüenza ajena en forma de palabras que forman oraciones que forman párrafos que forman algo bastante ininteligible y confuso, rebosante de términos que suenan #MuyHipster, pero que no alcanza a dimensionar (ni muchísimo menos transmitir) la inmensidad de lo que tiene frente a sí. Como se explica en la nota, los vehículos de conducción autónoma cambiarán la forma de movilizarnos (sobre todo en las grandes ciudades), en donde puedo ir a trabajar a la mañana, sin tener que preocuparme por encontrar estacionamiento porque mi coche buscará por mí dónde estacionar y hasta llegado el caso podrá utilizar su tiempo muerto en llevar pasajeros de un punto A a un punto B de la ciudad (¿ya mencioné que en este mundo cercano no habrá más taxistas, ni camioneros, ni colectivos?), pero lo realmente interesante de un mundo cuyas rutas estén pobladas de autos autónomos no se menciona, ni radica en el hecho de que nos encontremos en el umbral de un universo parecido al de Yo, Robot.

Lo verdaderamente importante, el argumento más irrfutable a favor de los autos-robot es que su utilización generalizada disminuirá considerablemente el número de víctimas fatales en accidentes de tránsito. En todo el mundo, hoy mueren 3425 personas en accidentes de tránsito por día (Fuente: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs358/es). Y a efectos prácticos, todos y cada uno de ellos mueren por un error humano. Un auto-robot reacciona más rápido, ve mejor y más lejos y puede predecir situaciones de peligro antes que un ser humano —y ni hablar si el humano está cansado, distraído o conduciendo bajo los efectos de cualquier droga— con lo que los accidentes fatales se reducirían drásticamente, si bien no acabarían por completo: la discusión en torno a cómo debemos programar2 a estos robots para que, en caso de tener que enfrentarse a situaciones de vida o muerte, puedan tomar decisiones acordes con principios éticos humanos es uno de los problemas más apasionantes, más inmediatos y más intrincados de la filosofía actual.

La optimización de la utilización de recursos energéticos y el desarrollo de tecnologías para la producción de energía sustentable de manera económica, ilimitada y sobre todo: desmonopolizada; el cese casi total de la producción de dióxido de carbono; un cambio radical en la manera de transportarnos y de transportar los bienes de consumo; el permanente e ininterrumpido avance y perfeccionamiento de la inteligencia artificial y sus directas implicancias éticas, filosóficas y hasta biológicas (de las que no hablé aquí, pero que tienen mucho que ver con todo esto); un desplazamiento radical y de consecuencias impredecibles de los intereses económicos, políticos y militares que reinan hoy en medio oriente; la reducción en casi un 100% de las muertes por accidentes de tráfico a nivel mundial; la colonización de marte o el fin de la era del papel moneda y los bancos centrales: de todo esto podría haber hablado el diario hoy. Pero no.

En la Argentina y en la región tenemos otras cosas en la cabeza. La noticia no es que PayPal vaya a quedar obsoleto frente a Bitcoin sino que después de veinte años el Benevolente Estado decidió permitir que PayPal opere en el país. La noticia no es que para el desarrollo del auto autónomo hicieran falta veinte años de investigación básica en el terreno de la inteligencia artificial y que en los últimos tres, los avances en este campo hayan sido tan espeluznates y vertiginosos que ya existan espeulaciones serias que indican que estamos al borde de llegar a lo que el transhumanismo llama Singularidad Tecnológica no; la noticia aquí es que los millennials ya no ven en el automóvil un símbolo de estatus y que las rutas y caminos del país se encuentran en un estado deplorable (¡vaya descubrimiento!). Otra de las notas habla del sindicato de camioneros y me acordé del conflicto que el sindicato de taxistas comenzó contra UBER hace exactamente un año. En la primera plana, leo que el Tribunal Supremo de Justicia Venezolano le otorgó Superpoderes a Maduro para que pueda encarcelar a diputados opositores por decreto y porque sí. También se habla, y mucho, sobre el paro general del jueves 6 de abril convocado por la CGT.

Y pienso cómo en este mundo somos muchos mundos y me pregunto cuando seremos uno, no tanto en las cosas que nos importan (en definitiva a todos nos importan cosas diferentes y sería no solo infructuoso sino también imposible ponerse de acuerdo ahí), sino más bien en las que nos urgen: como por ejemplo que entendamos que un presidente no puede encarcelar a diputados opositores, que los fundamentalistas islámicos dejen de prender fuego a la gente o que ya no mueran personas todos los días porque un idiota iba en medio de una avenida a 120km/h escribiendo un whatsapp.

Y mucho me temo que en ese sentido, los mundos dentro de este mundo serán cada vez más numerosos.

  1. Precio que lo pone competir por una buena parte del mercado; de hecho en poco menos de un año y aún antes de que el primer Model 3 salga de la fábrica, se han reservado más de medio millón de unidades []
  2. El término programar está mal usado aquí, pero lo escribo porque se entiende el punto y porque de lo contrario debería dedicarle mucho, mucho más espacio a esta columna []