La (In-)Corrección Política y el Problema con (la censura de) Apu.

Lo políticamente correcto y la evolución social

Hoy quiero tocar un tema un tanto… escabroso. Al igual que en los terrenos difíciles, ciertas discusiones tienen desniveles, obstáculos, laderas resbaladizas y lugares peligrosos cerca de los cuales mejor no caer.

Curiosamente, criticar la corrección política es, en sí mismo, un acto políticamente incorrecto; y no quiero que se piense que sostengo que cualquier tipo de corrección política sea mala; por el contrario. De hecho, qué es y qué no es „políticamente correcto“ cambia con el tiempo y con la sociedad, y la mayor parte de las cosas que hoy son inaceptables, pero que hasta hace no tanto tiempo eran normales, me parecen inaceptables sin más, y considero ese cambio como un necesario y saludable síntoma de evolución social.

Para poner un ejemplo: hace no tanto tiempo, cuando yo era todavía un niño, decir que alguien era „nazi“ era una descripción política sin ningún tinte peyorativo, mientras que tratar a alguien de homosexual era un insulto que justificaba una respuesta violenta en la mayoría de los casos. Que hoy, en líneas generales, hayan desaparecido la tradición homofóbica y la tendencia a creer que los autoritarismos son una forma legítima de organización política, es un claro ejemplo de esta evolución y salubridad social a la que me refiero.

Y con esto no quiero decir que hayan desaparecido los autoritarismos o la homofobia; pero sí quiero afirmar que el grado de tolerancia social a estas tendencias es cada vez menor. ¿Y no es este grado de tolerancia social, simplemente, otra forma de referirnos a lo que por lo general entendemos como „Lo Políticamente Correcto“? En mi opinión, la respuesta a esa pregunta es un contundente „sí“.

Buenos y Malos

Pero no todo el mundo piensa así. Un argumento que se esgrime con frecuencia a la hora de criticar „la corrección política“, es que sería una especie de „ente censurador“ que (de forma ominosa y conspirativa) actúa desde las sombras, enquistado en las instituciones, en los gobiernos y —¡sobre todo!— en los medios „del Establishment“ para imponer una agenda que tendría como objetivo la manipulación de las personas, caracterizadas bien como „pobres ciudadanos idiotizados“, o bien como pertenecientes a un „pueblo sometido“, según sea la autodefinición del supuestmente pobre censurado como „de izquierda“ o „de derecha“ y marcando al mismo tiempo al ominoso pero supuestamente dominante „Establishment“ con el signo político contrario a dicha definición.

Como en todos los casos, nosotros somos „buenos“, y los otros son „malos“. Pero el fenómeno de victimización colectiva es tema de otra reflexión, sobre la que no quiero ahondar aquí.

Esta visión conspirativa y un poco paranoica del génesis y la gestión de lo que consideramos „políticamente correcto“ no deja de ser tremendamente infantil, aunque evidentemente tranquilice a mucha gente, que por lo visto se siente muy cómoda creyendo que no le permiten decir lo que piensa. Quizás precisamente PORQUE el argumento es tremendamente infantil tranquilice a tanta gente; no lo sé. Por supuesto, lo dicho no refleja mi pensamiento, pero lo menciono para dar cuenta de la dificultad que surge a la hora de hacer un análisis crítico sobre los peligros de este fenómeno.

Porque sí considero que hay un peligro real, que quiero ejemplificar con la controversia que se desató en los últimos meses en torno a los Simpsons.

La controversia

A fines del 2017 el comediante norteamericano Hari Kondabolu hizo un documental llamado „The problem with Apu“, en dónde criticaba a los creadores de „Los Simpsons“ por el tratmiento superficial que hace la serie de „Apu“ y el humor supuestamente racista que se construye alrededor de este personaje. La crítica de Kondabolu apunta fundamentalmente a dos aspectos, que pueden resumirse en uno solo: primero, el hecho de que Apu no tiene suficientes matices, es decir: que está exageradamente estereotipado y segundo: que el actor de doblaje que le da voz al personaje es un norteamericano blanco que exagera el supuesto acento indio… lo que no haría sino remarcar el estereotipo xenófobo ya mencionado.

La crítica de Kondabolu es algo más profunda, por lo que no quiero detenerme mucho aquí, pero tampoco quiero dejar de mencionar que esto no es así: Apu Nahasapeemapetilon es uno de los personajes secundarios con más desarrollo en toda la serie. A diferencia del italiano dueño del restaurant, el marinero o el mexicano disfrazado de abeja que aparece junto al payaso Krusty (personajes que sí se ven reducidos a su estereotipo), el personaje indio no se limita ni remotamente a su acento o a su origen; Apu es un personaje complejo y multifacético: inteligente, adicto al trabajo, codiciado playboy, padre de familia, empresario, mienmbro respetado de la sociedad, a veces inescrupuloso, a veces moralista, y partícipe junto a los personajes principales de muchas de las aventuras de la serie. Reducir a este personaje a su acento indio no es hacerle honor a la verdad.

De hecho, el propio Kondabolu reconoce la profundidad del personaje, pero insiste con que es reconocido por el público solamente por su acento; pero, ¿esto es un problema de la serie, o es un problema del público? Asumiendo el hecho de que al personaje no se lo identifique por lo que ES, sino por lo que el público percibe de él ¿no es esto una muestra de que el personaje funciona denunciando un prejuicio latente? ¿No es precisamente está confusión la que confronta al público con sus propias limitaciones? Voy a volver sobre este punto más adelante.

Además, es al menos curioso como un comendiante de Stand-Up que hace uso y abuso del humor esterotípico en sus Shows, se queje del uso de los esterotipos en la comedia. Quiero decir: a primera vista no parece una crítica muy consistente. Pero la crítica de Hari Kondabolu es solo a primera vista inconsistente; su comentario es, en realidad, un poco más profundo. Hacer uso de los estereotipos, según él, estaría justificado dentro de la sátira, dentro el humor y, en definitiva, dentro de la cultura, siempre y cuando no reproduzca un modelo de comunicación social que naturalice la opresión, el racismo, la xenofobia y aquello que consideramos „políticamente incorrecto“ En ese marco, esterotipificar a un blanco rico sería políticamente correcto y por lo tanto: bueno; pero estereotipificar a un inmigrante pobre sería políticamente incorrecto y por lo tanto, malo. En principio, al introducir en la ecuación un elemento de poder y dominación social, es un argumento al que podría adherir.

Después de todo el razonamiento pareciera equivalente, por ejemplo, a decir que la figura del feminicidio está justificada porque mientras que la estructura social del patriarcado avala la violencia del hombre contra la mujer, no hay motivos suficientes para definir algo así como una „violencia de género inversa“ cuando una mujer mata a un hombre. ¿No esta una analogía adecuada?

No lo creo.

Los feminicidios son un hecho constrastable de la realidad. Existen hombres que matan mujeres, básicamente por el hecho de ser mujeres y porque los coletazos de una sociedad estructurada desde el patriarcado subsisten hasta hoy. La estadística está a desposición de quién quiera verla y existen inumerables estudios que avalan este hecho (cada vez menos frecuente, por cierto, porque el patriarcado es una estructura social en decadencia, al menos en occidente). Uno de los aspectos fundamentales y definitorios la violencia de género es, entonces:

La Intención

Y en la INTENCIÓN, justamente, es en lo que no repara la crítica de Kondabolu. Cuando el humor en particular y el arte en general no están hechos con una INTENCIÓN xenófoba y racista, sino que (muy por el contrario!), articulan PRECISAMENTE estos problemas, buscando provocar y confrontar al espectador con su propio racismo latente, no están reproduciendo xenofobia sino que la están DECONSTRUYENDO. Como mencioné anteriormente, Apu es un personaje con mucho desarrollo. Si la crítica de Kondabulu se basa en la reacción de un público miope que solo repara en el exagerado acento del personaje, indirectamente está reconociendo que lo que está sucediendo aquí es no tanto la reproducción de un prejuicio, sino más bien su deconstrucción. (El propio Kondabolu menciona muy al pasar este argumento, pero sin darle mayor importancia) Hace un momento dije que existía un peligro real en la sobrevaloración de lo políticamente correcto. No creo en las conspiraciones, ni en los grupos de poder ni en la ominosa „Hegemonía Mediática“, capaces de censurar la natural irreverencia e insolencia de la sátira, pero sí creo que el MIEDO es uno de los censores más eficaces que existen: el miedo a la crítica desbocada de la redes, el miedo a perder relevancia, el miedo a perder audiencia.

El peligro real es la autocensura.

En estos días circuló un fuerte rumor sobre la decisión por parte de los productores de la serie de eliminar por completo el personaje de Apu para evitar la controversia que el documental había desatado. Sinceramente, me sorprendería si esto fuera a suceder realmente, ya que los Simpsons se han caracterizado siempre por ser irreverentes e irrespetuosos con absolutamente todos los grupos sociales, con las minorías y con las mayorías por igual, sin distinción de color político o ideológico; pero existen precedentes que indican que algo así podría suceder. Ya pasó con la serie South Park, bastante más cruda, bastante más irreverente, bastante más incorrecta y bastante más valiente que los Simpsons, cuando censuraron un episodio en donde se criticaba al Islam y se caricaturizaba al Profeta, doblegándose ante las ciertamente irracionales exigencias de „respeto“ de una comunidad religiosa.

Sinceramente, creo que el debate sobre la adecuada representación social de las minorías y los prejuicios de las mayorías es un debate social válido y necesario. En este contexto, entiendo que el documental de Hari Kondabolu es igualmente válido y necesario. Pero también creo que la eliminación de una manifestación artística que CLARAMENTE no persigue una intención racista o xenófoba, sino más bien todo lo contrario, aunque no sea más que mediante la autocensura, no hace sino agravar el problema.

Ojalá que no suceda; o mejor dicho: ojalá que no siga sucediendo.

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