Forma Vs. Contenido en el Arte (y en todo lo demás)

Forma Vs. Contenido

Existe una aparente dualidad en todas las cosas; desde la política hasta el cine, pasando por la gastronomía, el fútbol, los sentimientos o la personalidad de las personas, siempre tendemos a diferenciar entre la forma y el contenido de las cosas; como si fueran cosas diferentes y hasta opuestas entre sí.

Cuando digo que la dualidad es „aparente“, es porque no creo que „forma“ y „contenido“ sean dos entidades opuestas e indivisibles y no las dos caras de una misma moneda.

Hablando de forma y contenido, dice el filósofo Vilém Flusser:

„Cuando veo algo (como por ejemplo, una mesa), lo que veo es madera en forma de mesa. Aunque la madera sea algo duro […], sé que es algo transitorio […] Pero la forma de la mesa es imperecedera, pues me la puedo imaginar donde y cuando quiera […] Por ello, la forma de la mesa es real, y su contenido (la madera) no es más que aparente […]

„La forma es el cómo de la materia, y la materia es el qué de la forma.“

En su ensayo „La forma escritura“, el sociólogo Niklas Luhmann propone que la escritura es la forma que encontró el lenguaje para obtener la estabilidad de la que carecía cuando era oralidad pura. Dice Luhmann:

„En el principio, el mundo estaba completamente lleno de cosas relativamente estables […] Los ruidos eran mucho más inestables y discretos […] El mundo, poblado de cosas, no tenía un vacío, un espacio sin cosas, pero los ruidos podían ser fuertes o débiles o casi ausentes. El lenguaje podía darse sólo utilizando el medio de la acústica y convirtiéndose en una clase especial de ruido. La inestabilidad de los ruidos debió haber sido la condición de posibilidad para el desarrollo del lenguaje. Pero entonces, ¿cómo podía obtener estabilidad el lenguaje? ¿Cómo podía desarrollar para sí mismo formas que fueran como cosas?“

Esas „Formas como cosas“ fueron las palabras escritas; y una vez creada la escritura, el lenguaje ya no volvió a ser el mismo. La escritura modificó el lenguaje y lo convirtió en otra cosa, y con ello, también, convirtió a los seres humanos en otra cosa. La escritura modificó nuestra forma de pensar, nuestra forma de actuar y nustra forma de ser.

En este ejemplo se evidencia claramente lo que Marshall McLuhan quiso expresar en su libro „Comprender los medios de comunicación“ cuando escribió su famosa frase „El medio es el mensaje“: la forma modela el contenido y, cuando los medios son las herramientas de comunicación humanas, ellas moldean al individuo y a la sociedad de formas impensables.

La forma del Arte

Pero volvamos a hablar de arte. En este marco, la forma del arte, es decir: su lenguaje, no solo no es independiente de su contenido; sino que lo determina y lo constituye. El cine, por ejemplo, tiene una forma, un lenguaje, que son las herramientas con las que se construye y con las que se diferencia del teatro o de la fotografía. Los Hermanos Lumière no inventaron el cine; inventaron el cinematógrafo: que no era otra cosa más que una curiosidad tecnológica sin demasiado sentido aparente. Como disciplina y como arte, el cine fue un desarrollo posterior que trascendió las posibilidades técnicas de aquel aparato que mostraba una fotografía tras otra y daba la sensación de movimiento, y apareció más o menos 25 años más tarde, cuando el cineasta ruso Lev Kuleshov descubrió que la yuxtaposición de imágenes y el montaje podían usarse para manipular emocional- e intelectualmente al espectador, dicho esto sin ningún ánimo peyorativo.

El tipo de montaje, el uso del color, la elección de los planos, el movimiento de cámara y todas las demás herramientas que conforman el lenguaje cinematográfico son la forma del cine, así como la gramática de un idioma es la forma de la literatura o la melodía y el rítmo constituyen la forma de la música.

En lo personal creo que una de las características de las grandes obras de arte es que se atreven a romper con las formas pre-establecidas de su disciplina, inventando formas nuevas o yendo en contra de ciertas reglas que antes se pensaban inquebrantables. En una de las más memorables escenas de la película „El Resplandor“, Stanley Kubrick rompe deliberadamente con la „Regla de los 180°“ que prohibe a la cámara saltar el eje que une a dos participantes de un diálogo; pero lo hace para provocar confusión y desconcierto en el espectador. Lo hace a drede, conociendo la regla y sabiendo por qué la rompe. Hay inumerables ejemplos similares; pero también hay muchos contraejemplos, en donde el permanente desprecio a las formas es deliberado, pero en donde el resultado, al no perseguir un objetivo artístico, no es genial ¡ni mucho menos! sino que responde lisa y llanamente a la ignorancia.

„Hay un principio básico: para que tu puedas desarrollar un leguaje primero tienes que dominar las herramientas de ese lenguaje. Tu no puedes escribir poesía si desconoces el idioma en el que la estás escribiendo, porque no sabes hasta dónde puedes llevar tu herramienta, que es el lenguje. Entonces los artistas plásticos […] necesitan dominar ese lenguaje, necesitan dominar esa herramienta para poder hablar con ella. Y eso lo ha hecho el cine durante décadas, durante cien años, lo ha hecho la fotografía y lo han hecho los diferentes medios. Que estén expuestas las obras en los museos actualmente no significa nada, porque los museos mismos han desechado los parámetros, también de calidad“

„Y mientras una bailarina o un bailarín necesitan un entrenamiento durísimo para subirse a un escenario, alguien estudia […] „arte“ y sin tener entrenamiento de su cuerpo, sin tener dominio del espacio, sin tener siquiera una visión escénica real, se suben [al escenario] y dicen: ’soy performer‘, y ahí lo que se generó fue una rama del arte completamente complaciente, ajena a la disciplna, buscando una falsa felicidad y un falso comfort dentro del arte“ (Avelina Lésper)

Por supuesto, esto no quiere decir que las formas no se puedan romper. Al contrario: para que el arte evolucione es deseable y es necesario que las formas se rompan y estén en un permanente proceso de transformación. Pero eso no puede hacerse sin antes conocerlas a la perfección; el artista debe dominar la forma, saber qué comunica y cómo lo hace, para poder romperla con creativdad y así hacerla evolucionar. O como continúa diciendo Avelina Lésper:

„El arte es un proceso de contraeducación. Las escuelas no hacen artistas. Los que se meten en una escuela creyendo que van a salir artistas están completamente equivocados. El artista lo hace el trabajo. El artista lo hace estar todos los días frente a la obra. El artista lo hace estar todo el tiempo en soledad frente a tus propias limitaciones. Eso es lo que hace a un artista; y en ese momento es cuando el artista cuestiona lo que sabe y toma lo que le sirve para generar un lenguaje, toma lo que le sirve para generar obra y se dedica a inventar las herramientas cognitivas, emocionales, materiales para formar su obra“

Conclusión

La conclusión es que si aceptamos que forma y contenido son entidades simbióticas, mutuamente determinantes, que no pueden existir la una sin la otra; y que la manera de hacer evolucionar un lenguaje es trascendiendo sus formas, es decir: intentando ir más allá de sus limitaciones, es imperativo romper las reglas, pero sin menospreciarlas nunca. Una es la actitud del artista; la otra, el escudo de los ignorantes y de los mediocres.

Como dijo Rubén Serra: „Tenemos cierta tendencia a pensar que respetar las reglas nos hacen “menos artista”. Pero eso es una sandez. Las reglas no son limitaciones, son herramientas […] Las reglas están para saber cuando romperlas. Ignorarlas, no. Romperlas.“

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