Santiago Maldonado y la búsqueda de la verdad

La Verdad no existe

Llevo, desde hace varios años, tatuada una frase en el brazo que reza „La verdad no existe“.

Encontrar esa frase, sabiendo que me iba a acompañar para siempre no fue difícil; pero fue un proceso largo: fueron muchos años de pensar en las definiciones y en el valor simbólico y en el valor real de La Verdad; en La Verdad como Construcción Humana; como construcción Científica, Religiosa y Filosófica; en la propia constitución del Ser Humano; en nuestos Sesgos Cognitivos, en la Dualidad Causa-Efecto que aparentemente existe „ahí afuera“ y en nuestra imposibilidad de abarcar el valor de esa Dualidad con precisión (gracias un simple (d)efecto evolutivo que nos va a acompañar siempre), en el funcionamiento de La Memoria, en el Instinto de Conservación y en cómo funciona la masa de grasa plegada que cargamos en el cráneo desde que eramos reptiles y dentro de la cual somos. Entre muchas otras cosas.

Todos estos temas constituyen la pregunta más vieja de la humanidad; para lo único que sirven es para sumergirse en la reflexión durante mucho tiempo. Nunca para llegar a ninguna respuesta definitiva. Este complejo, que podría denominarse „Teoría Filosófica sobre La Verdad“, por supuesto no fue inventado por mí —yo solo pienso en las cosas que se les ocurren a los demás—: esto es una corriente de pensamiento1 y como tal sirvió, no para arribar a una verdad definitiva de las cosas, sino para cambiar la brújula moral de la sociedad de los últimos 70 años. Ya no creemos en las Verdades Inamovibles, en los Dogmas ni en los Tiranos. Fue un ENORME avance habernos librado de todas esas rigideces, que, en última instancia, EVITABAN que nos acercáramos a la verdad.

Paradójicamente, tuvimos que entender que la verdad no existe para poder abarcarla mejor.

La Posverdad

El problema, el residuo de este devenir histórico, está frente a nosotros y se llama POSVERDAD. Lamentablemente, hay mucha gente que no entendió que estabamos hablando en un alto nivel abstracción y siempre en el marco de la construcción de una Teoría del Conocimiento; así, cuando decimos que la verdad no existe, no nos estamos refiriendo a las verdades fácticas, a los hechos del mundo macroscópico ni a las imposibilidades lógicas.

En este planeta, en este universo, el valor de Pi no es algo que varíe según el observador, pues surge de una definición (inventada por nosotros y como tal: arbitraria) que implíca intrínsecamente que su valor sea uno y no otro. Si definimos un triángulo como un „polígono de tres lados“, no podemos dibujar un cuadrado. Podemos discutir acerca de la definición; pero no tiene ningún sentido dibujar otra cosa que no sea un triángulo y proclamar el descubrimiento de una „Verdad Alternativa“, porque así, lo único que hacemos es violar el lenguaje; no „descubrir una verdad alternativa“… ni de ningún otro tipo. De la misma forma, estamos violando el lenguaje (Henrry Frankfurt diría que hablamos Bullshit) cuando decimos que en la Argentina existen menos pobres que en Alemania, o cuando decimos que el Plan Político de Mauricio Macri es la instauración de un régimen de Represión de Estado que hace desaparecer personas.

Santiago Maldonado

Santiago Maldonado murió de una forma; no de muchas. La búsqueda de ESA verdad no solo es posible, sino que, en el marco de una sociedad medianamente seria, debiera ser inevitable. Más allá de los deseos políticos y aunque seamos todos humanos, con el intelecto sesgado por nuestras particularísimas intenciones y deseos: todos queremos que pase los que nos conviene. Pero pasa lo que pasa, no lo que uno quisiera que le pase. Y la única forma de garantizar el acceso a la verdad (parcial, como todas las verdades, pero la más aproximada al ideal de verdad del que estamos hablando) se llama MÉTODO. Y yo entiendo que mientras Maldonado estuvo desaparecido había que hacer quilombo porque una de las hipótesis era que estuviera en un pozo y que pudiera aparecer vivo, y en ese contexto era importante mantener encendida la bulla mediática; pero ahora —ahora que está muerto, ahora que se conocen ciertos aspectos de su muerte sin espacio para las dudas—, embarrar la cancha y no correrse un milímetro del „Macri Dictadura“ no solo es necio e infantil, sino que entorpece el acceso a la verdad, esa que puede contarnos que pasó. No lo que quisieramos que hubiera pasado.

El problema es que, en este país, antes de preguntarnos por el método, nos fijamos en quién habla y le atribuímos una intencionalidad por lo general malvada. Decenas de actores que se autoproclaman no ya defensores, sino dueños de La Verdad; y como tales, hidalgos luchadores contra „El Otro Malvado“, ese que siempre quiere mentir, distorsionar, engañar y explotar. Peronistas, Mapuches, Anarquistas, Rompedores-de-Todo, Familiares, Políticos, Periodistas, y gente común, que siempre supieron quién era Maldonado, que le había pasado y por qué. Y quienes, con el transcurrir del tiempo, cambiaron su discurso como cambia la iglesia de dogmas: de un momento al otro y (esto es muy importante) retroactivamente. Maldonado pasó de (1) haber sido chupado por órden del mismísimo Mauricio Macri, a (2) haber sido víctima de un par de Gendarmes a quienes se les fue la mano, a (3) haberse ahogado cruzando el río. (O de (1) estar de vacaciones en Chile a (2) estar escondido con los Mapuches a (3) haberse ahogado en el río: buscá el lado que más te convenga) Y en el medio de todo eso, el cadaver descompuesto y cualquier cosa menos exquisito de un pobre flaco que no se merecía tanta mugre.

Y siempre la culpa es del Otro. Y siempre importa lo que pienso; no lo que es.

Juventud politizada

La utilización política de los desastres (y también la construcción de desastres para su utilización política) no es un invento argentino; pero habla un español rioplatense, cargado de „ché“-s y „boludo“-s. Tirarnos con muertos es una lamentable costumbre nacional que, curiosamente, apenas puede ser mencionada, so pena de linchamiento o destierro (Hace poco, el gran Ricardo Gimenez osó mencionarlo y se gano el desprecio de algunos, la incomprensión de todos y por lo menos la eliminación de una de sus amistades)

Se dice que uno de los grandes logros de la última década fue la re-politización de la juventud, que había salido de los nefastos ’90 sumamente indiferente a ella y a quien —debido a esa indiferencia— la crisis del 2001 le explotó en la cara sin ningún tipo de aviso previo. Que los argentinos, por eso, estamos atravesados por la política. Y que eso es bueno. Es mentira. Los argentinos no estamos atravesados por la política. Estamos envenenados por ella. Y mientras no pongamos (conciente o inconcientemente) la verdad por delante de nuestros intereses políticos, no saldremos nunca del pozo, porque siempre habrá alguien dispuesto a hacerlo un poco más grande mientras nos convence que así nos ayuda a salir más rápido, entendiendo que no importa lo que haga, sino que nos diga lo que nosotros queremos oír.

Así las cosas, quizás hagamos bien en recordar que —siempre— la desintoxicación, no por dolorosa, deja de ser necesaria. Ojalá en algún momento decidamos comenzar a transitar por el arduo camino de la desintoxicación, para poder en algún momento resurgir, sí, politizados, pero ya nunca más sumidos en esta desesperación política que nos devora.

  1. Una corriente de pensamiento que se llama „posmodernismo“, y lo menciono aunque el término esté un tanto devaluado porque creo que dicha devaluación se debe en gran parte al uso y abuso que han hecho del término aquellos que, justamente, no entendieron bien que es el posmodernismo []