Comunicación social, soledad humana

Por Juan Pablo Sáenz para Y SIN EMBARGO

El problema del modelo clásico

El problema con el modelo clásico de la comunicación1, es un problema de naïveté, entendida como esa mezcla de ignorancia e inocencia que producen los razonamientos poco complejos. No estoy diciendo aquí que no existan definiciones simples y suficientes -eso es a lo que los científicos se refieren cuando usan la palabra elegancia-, pero a veces es necesario introducir un poco de complejidad a las cosas si lo que queremos es, en la medida de lo natural (o sea: de lo que nos es naturalmente posible), ser objetivos, honestos y veraces.

Es la teoría lo que determina lo que podemos observar

Los seres humanos, en tanto animales o „máquinas biológicas“, tenemos ciertas limitaciones con las que debemos cargar y que no deberíamos ignorar a la hora de hacer observaciones sobre la realidad. Albert Einstein dijo una vez „Es la teoría lo que determina lo que podemos observar“, y aunque el contexto era otro, las implicaciones de ese axioma tienen bastante que ver con lo que queremos postular aquí. Dicho muy sucintamente: las observaciones científicas de la realidad siempre ocurren en el marco de una teoría e intentan demostrar (o no) una hipótesis determinada; y todo lo que ocurre fuera de ese marco (pero que también, sin embargo, forma parte de una realidad que pretende ser observada), simplemente es ignorado por esa observación. Ese es el punto ciego de la observación científica. De esa misma forma, en cada tipo de observación posible existe un punto ciego, un elemento que no puede ser apreciado por el observador; o por lo menos, no puede ser apreciado por el observador en el transcurso de esa observación. Hace falta una observación de la observación para notar la existencia de su punto ciego. Pero también esa observación de segundo orden2 tendrá su propio punto ciego; de modo que el problema es irresoluble. (Por lo menos, si el fenómeno se nos antoja problemático; aunque la teoría de sistemas, planteando un modelo de comunicación radicalmente diferente al modelo clásico, no ve dificultad alguna aquí sino, simplemente: elementos de análisis).

Aceptando ciertos límites

Las limitaciones que tenemos las máquinas biológicas a la hora de producir, percibir y transmitir información conforman el punto ciego del modelo clásico de la comunicación. Este modelo supone que el mensaje puede transmitirse desde un emisor hacia un receptor y permanecer incólume en ese proceso (como si “el mensaje” fuera una especie de paquete y tuviese una entidad propia e independiente del sujeto); sin advertir que los seres humanos somos sistemas operativamente cerrados3 a nuestro ambiente y no tenemos ningún tipo de conexión directa con el mundo que nos rodea, y lo único que podemos hacer es ser irritados por nuestro entorno, es decir: percibir el mundo mediante alteraciones de nuestros sentidos; y que esas alteraciones se producen dentro de un espectro limitado de posibilidades, determinado por millones de años de evolución biológica y unos cuantos miles de evolución social.

Al percibirla, las máquinas biológicas interpretan la realidad que les rodea (en ese contexto hablamos también de la construcción subjetiva del mundo). El método científico y la tecnología son débiles intentos de la sociedad por contrarrestar las limitaciones que las máquinas biológicas tenemos a la hora de percibir la realidad, pero si hablamos de comunicación social, en el más amplio sentido de la palabra, no hay nada que podamos hacer para evitar la modificación del mensaje que tiene lugar en el proceso de comunicación: la comunicación no transmite mensajes entre un sistema y otro; la comunicación irrita a los sistemas, quienes traducen esa irritación en códigos propios de información, y el proceso se reproduce generando nuevas irritaciones. Para expresarlo de manera un poco técnica: la comunicación produce más comunicación. (Y siendo más técnicos aún: “Solo la comunicación comunica”).

Un final feliz

Así, si nos ponemos estrictos, los individuos somos incapaces de comunicar nada. Solo la comunicación comunica. Por eso, comunicar nunca fue “poner en común” en el sentido de hacer algo comprensible para todos de la misma manera en que ese algo es comprensible para el sujeto mismo; en todo caso, comunicar siempre fue compartir algo, hacer públicos recursos e ideas, poner a disposición una cierta configuración informativa que, intrínsecamente, solo puede tener la forma de un monólogo – pero que al mismo tiempo (y casi como por arte de magia), produce otras configuraciones informativas y otros monólogos diferentes, que a su vez, producirán más y más comunicación.

La comunicación solo puede comunicar, y solo la comunicación comunica. En este sentido estricto, internet y las nuevas tecnologías no están hechos para las personas, sino para la comunicación, porque constituyen el medio ideal para la reproducción de la comunicación por medio de la comunicación. Así como los seres humanos (según Dawkins) somos el medio ideal para la reprodución de los genes, y existimos como individuos solo en segunda medida, como un producto residual de la incansable lucha de los genes por la reproducción; la sociedad (según Luhmann) es el medio ideal para la reproducción de la comunicación, y los individuos que la conforman existen como individuos solo en segunda medida, como un producto residual de la incansable lucha de la comunicación por producir más comunicación.

La Soledad es, y siempre fue, la condición humana per excelence.

Monólogos siempre hubo – y siempre los habrá. Pero nunca hubo tanta comunicación como hoy. Los pesimistas de siempre, esos que vaticinan un futuro deshumanizado y lleno de soledad, deberían recordar que el hombre siempre estuvo solo. La Soledad (permítanme escribirla con mayúscula) es, y siempre fue, la condición humana per excelence. El paraíso, aquel estado primigenio del mundo en donde vivíamos en comunión y en unidad con el resto de las personas y con el universo, es solo un cuento de hadas para niños que, a esta altura, debería dejar de provocarnos mitológicas y vacías ilusiones. (Ni hablar de la moderna ilusión romántica según la cual “dos” es igual a “uno” y causante, al menos en parte, de las misoginias más horribles y de los sometimientos más atroces).

Solo entendiendo el valor y aceptando la irreversibilidad y la magnitud de nuestra soledad, y solo aceptando nuestra incapacidad de comunicarnos como si fuésemos fotocopiadoras, estaremos en condiciones de construír algo que se le parezca un poco a esa comunión perdida, a esa comprensión imposible, a ese amor inalcanzable y a esa tolerancia que hoy tanto dista de ser genuina. A esos efectos -por supuesto- cuanta más comunicación exista, mejor; porque aunque nosotros solo podamos producir monólogos, siempre conservaremos la capacidad de ser irritados por la comunicación (o, lo que en este contexto es lo mismo y para terminar con la jerga técnica: siempre podremos nutrirnos de la comunicación). Y no hay señales que indiquen que el caudal de comunicación que hoy genera la comunicación vaya a mermar en algún momento; sino más bien todo lo contrario.

¡Va a estar bueno el futuro!

Publicado originalmente en la revista Y SIN EMBARGO.
(Véase versión
online o impresa)

  1. En resumidísimos términos, el modelo clásico de la comunicación plantea un flujo de información que obedece al siguiente esquema: “Emisor > Mensaje > Receptor” []
  2. véase: www.facso.uchile.cl/publicaciones/moebio/27/raglianti.html []
  3. véase: es.wikipedia.org/wiki/Niklas_Luhmann#Clausura_operativa []

JuPiX

Reflexivo, introvertido, taciturno y estoico; existencialista, constructivista y ateo.