Quiero que reflexiones

– ¿Puedes detenerte y, por un momento, reflexionar?
– Bien. Reflexiono.
– No, no estás reflexionando. Estás demasiado ocupado intentando ser un sabelotodo. Quiero que reflexiones y que dejes de intentar ser un sabelotodo. ¿Puedes hacerlo?

Lynch nos advierte así que dejemos de intentar explicarlo todo. Que nos detengamos, pues estamos muy ocupados tratando de encontrar, para todo, una respuesta; demasiado acelerados, demasiado ansiosos por racionalizar cada momento, cada palabra. Que abandonemos los esquemas tradicionales que ponemos en marcha, automáticamente, cuando nos sentamos en la butaca del cine, pues lo que él tiene para ofrecernos se puede facilmente intuír, pero difícilmente explicar. (o bien: que la explicación solo será un producto de la reflexión, esa que sirve para poner nuestra intuición en órden) En su última película, Mulholland Drive, ese corto diálogo es parte del que mantienen Tesher, un director de Hollywood presionado por la mafia y el Cowboy, un personaje misterioso y pasajero; de hecho, solo aparece en esa escena, que no dura más de 2 minutos, y luego, casi al final de la pelicula, cuando se interpone entre el espectador y la cámara por casi un segundo y medio, caminando desde la izquierda hacia la derecha de la habitación que está siendo filmada, y cuya corta duración toma proporciones espeluznantes, horas más tarde, cuando la reflexión no nos dá tregua y nos obliga a pasar de un lado a otro de la cama sin poder cerrar los ojos y (por fin!) encontrar el sueño y dejar de pensar en la maldita película. Al fin y al cabo es solo eso, unos cuantos metros de celuloide fácilmente inflamable.

Pero aún de la boca de un personaje tan secundario como él, ese diálogo es una de las (tantas) piezas que debemos ir recolectando para armar el rompecabezas que Lynch nos presenta en los 180 minutos de una magistral experiencia cinematográfica. Mi primera impresión, mientras leía los créditos de cierre, fué: La película asombra por su claridad, siendo al mismo tiempo altamente desconcertante, sin decidirse por un ritmo determinado; a veces extremadamente lenta, con planos fijos, inamovibles; otras extremadamente acelerada, con una cámara ebria; alienante, sin coherencia temporal o física, pero con algunas escenas realmente brillantes, que podría ver una y otra vez sin que desaparezca esa sensación de que estoy viendo uno de los mejores productos que puede dar el cine. Un producto altamente surrealista y de una profunda simbología; pero brillante.

Detallista y perfeccionista al máximo, Lynch nos obliga a ver la película por segunda y por tercera vez y entonces sí, después de dos días y dos noches, después de haber abandonado las tareas habituales como ir a trabajar, comer o dormir la siesta, después de haber visto la misma película por cuarta vez consecutiva, después de haber estado más de 60 horas sin poder pensar en otra cosa (¿Quién entiende a Lynch? ¿Cómo pudo gustarme tanto si no lo entiendo? ¿Es que realmente puedo ser tan snob?), lentamente, todo comienza a cerrar y a dar un sentido expresable en palabras. Por supuesto, no todo el mundo puede darse el lujo de dedicarse más de dos horas y media a una película, pero eso es sabiamente utilizado por Lynch, cuya intención expresa es alimentar la imaginación y, sobre todo, la intuición del espectador. Por eso no voy a tratar de explicar la película aquí (el mismo Lynch se niega rotundamente a dar cualquier tipo de explicación, por el motivo expresado más arriba), pero sí quiero recomendarla a todo aquel quien esté dispuesto a poner en funcionamiento su materia gris, a quien prefiera un poco de trabajo intelectual (y, porqué no, también emocional), a dos horas de simple entretenimiento. Limítese mi consejo a recomendar: verla más de una vez, prestar mucha atención a los detalles, discutirla con amigos, confiar en la intuición y aceptar que no todo es explicable (que puede haber muchas salidas para una misma encrucijada, o ninguna). En una palabra: Reflexionar. Y dejar de intentar ser un sabelotodo.

Ficha Técnica:

Producción: 2001 – USA / Francia
Dirección: David Lynch
Libro: David Lynch
Banda Sonora: Angelo Badalamenti
Elenco: Noami Watts, Laura Harring, Justin Theroux
Duración: 147 minutos

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